Fábula corta para niños y adultos

Con esta fábula china, ‘Para aprender a jugar a las damas’, entenderás por qué dos personas igual de inteligentes no consiguen aprender lo mismo aún teniendo al mismo profesor. Una fantástica fábula del filósofo chino Mencio para todas las edades.

Una fábula china sobre el aprendizaje: para aprender a jugar a las damas

Para aprender a jugar a las damas, una fábula china con valores
Para jugar a las damas, una fábula china sobre el aprendizaje

Existió durante una época un jugador de damas tan perfecto que todos querían que les dieran clases. Se llamaba Qiu y era idolatrado en todos los reinos. Además de por ser tan buen jugador, por ser el mejor maestro.

Qiu siempre contó a todos cuál es el pilar básico para conseguir ser tan bueno como él:

– Yo tenía dos discípulos- solía contar Qiu- Los dos eran muy inteligentes. Los dos muy hábiles, con grandes reflejos y ambos con un gran deseo de convertirse en grandes jugadores de damas. Sin embargo, uno lo consiguió, y el otro no.

– ¿Por qué?- preguntaba siempre alguno de sus discípulos.

– Muy sencillo: mientras yo explicaba, uno de ellos me escuchaba con atención. El otro, sin embargo, en seguida pasaba a contemplar el aleteo de las mariposas en el jardín. ¿Quién pensáis que aprendió todo lo necesario para convertirse en el mejor jugador de damas?

Moraleja: “No aprende más el más inteligente, sino el que más atención presta a lo que desea aprender”

Qué temas puedes trabajar con la fábula ‘Para aprender a jugar a las damas’

Con esta fábula corta de Mencio (372 a.C-289 a.C) podrás reflexionar sobre:

Las distracciones y cómo afectan al aprendizaje.

– La importancia de aprender a escuchar.

– El esfuerzo y la perseverancia.

Reflexiones sobre esta fábula corta

Las distracciones hacen que hasta el más inteligente no consiga aprender. El aprendizaje se basa sobre todo en la atención:

La atención, pilar básico del aprendizaje: está claro que si no prestamos atención a una explicación, por muy listos que creamos ser, no habremos aprendido nada. La atención es un pilar básico en el aprendizaje, no solo en la escuela. Y atender no es solo mirar ni oír, sino observar y escuchar.

No es lo mismo oír que escuchar: el discípulo del que habla Qiu, nuestro gran maestro del juego de las damas en esta fábula, era inteligente y oía las lecciones de su maestro. También le miraba de vez en cuando. Pero mientras que sus ojos y sus orejas, parecían prestar atención, su mirada y sus oídos buscaban otros estímulos. Miraba, pero no observaba y oía, pero no escuchaba lo que Qiu decía. Prefería observar el vuelo de las mariposas y escuchar los sonidos del jardín. Escuchar y observar es prestar atención y dedicar todos los sentidos a la persona que habla.

Más reflexiones sobre esta fábula corta

Las distracciones son obstáculos en el aprendizaje: si realmente nos interesa algo, debemos prestar atención y evitar las distracciones, que al final son grandes obstáculos que evitarán que aprendamos. Es verdad que los maestros deben buscar la forma de atraer más la atención y estimular a los alumnos, pero los alumnos al final son los que deben poner de su parte para aprender. Para ello, deben evitar las distracciones en la medida de lo posible. Para ello es fundamental la concentración.

No hay aprendizaje sin esfuerzo: la concentración, la atención en lo que se desea aprender exige cierto esfuerzo y en parte, sacrificio. También perseverancia, ya que no sirve atender un rato, sino convertir esa atención y concentración en una rutina diaria y constante. Por lo tanto, en el aprendizaje el esfuerzo y la perseverancia son requisitos indispensables para lograr un objetivo.

Otros relatos sobre el aprendizaje que te sorprenderán

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El mono y los pescadores: por muy capaz que te sientas de hacer algo que has observado, necesitarás aprender a hacerlo y practicar… Y si no, puede que te suceda lo mismo que al protagonista de esta fábula corta.

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El príncipe y el halcón: lo mismo que el buen ejemplo enseña, también lo hace el mal ejemplo. De ahí la importancia de tener cuidado de lo que mostramos a lo que nos rodean.