Los remendones y el cuco. Cuento popular español para niños

No te pierdas este precioso cuento popular español, ‘Los remendones y el cuco’, un cuento que nos habla de la felicidad y la paz del alma frente a la ‘felicidad material’, superflua y pasajera. Los protagonistas son dos hermanos muy pobres con dos visiones diferentes de la ‘riqueza’. Aquí tienes el cuento y más abajo, las reflexiones sobre los mensajes que transmite este precioso cuento.

TIEMPO DE LECTURA: 9 MINUTOS

El entrañable cuento de Los remendones y el cuco

Los remendones y el cuco, un cuento popular español con valores
El cuento ‘Los remendones y el cuco’

En la helada región de Borealandia, existía una aldea en donde todos sus habitantes eran pobres, porque en aquel lugar apenas crecía nada para comer, y el comercio era escaso. Pero entre todos, los más pobres eran dos hermanos: Estropajo y Desperdicio, que trabajaban en una cabaña de arcilla como zapateros remendones.

Había otros remendones en el pueblo de mayor calidad que ellos, así que los dos hermanos sobrevivían sobre todo gracias a lo que daba un pequeño huerto con cereal que habían sembrado.

Las cosas no iban mal del todo, hasta que llegó a la aldea otro zapatero remendón de muy buena reputación. De hecho, había trabajado en la corte del rey, y todos acudían a su modesta pero elegante casita para verle trabajar. Poco a poco, los clientes de Estropajo y Desperdicio, fueron abandonándoles, al comprobar que los remiendos del nuevo zapatero, duraban más.

La miseria se cebó con los dos hermanos. El invierno llegó y la Navidad solo pudieron celebrarla con un trozo de pan de cebada y un poco de tocino rancio. Para beber, algo de cerveza que habían elaborado con su propia cebada… Y a pesar de lo poco que tenían, estaban contentos. Habían adornado la habitación con ramitas de abeto, y realmente la habían dejado hermosa. Encendieron el fuego de la chimenea y se sentaron a comer.

– ¡Dios nos dé alegría, hermano!- dijo Desperdicio- Que nunca nos falte salud ni esta alegría para seguir celebrando muchas más Navidades…

Los remendones y el cuco

Fuera hacía mucho frío. La nieve caía sin parar y el viento soplaba con fuerza. La lumbre de su chimenea era realmente acogedora. Pero de pronto, de los troncos que ardían, se oyó un sonido:

– ¡Cucú, cucú!

– Ay, hermano- dijo asustado Estropajo- ¿No oyes salir del fuego como un sonido de cuco?

– Sí, hermano, lo oigo… ¿no será un mal presagio?

De uno de los troncos que estaban a punto de arder, salió volando un pequeño cuco que se posó sobre la mesa. La sorpresa de los hermanos fue aún mayor cuando escucharon al cuco hablar:

– Vaya, no sé dónde estoy… ¡Ni qué estación es!

– Es Navidad– dijo Desperdicio.

– ¿Navidad? Me desperté antes de tiempo… Me quedé dormido en un hueco del árbol en otoño. No debía despertar hasta la primavera, pero veo que mi casa se ha quemado… ¿Podríais dejarme dormir en vuestra cabaña hasta que llegue la primavera? Después partiré en busca de otro árbol…

– Claro, te haremos un nido acogedor en la paja del techo. Aquí estarás calentito. Pero antes, come y bebe algo, que después de tanto dormir, estarás hambriento- dijo Desperdicio.

Los hermanos le dieron un pedazo de pan de centeno y un poco de agua. Después, le hicieron un hueco entre la paja del techo y el cuco se quedó dormido.

Pasaron los días, los meses… y la nieve comenzó a derretirse. Un día, el cuco despertó de su larga siesta.

– ¡Ya es primavera!- dijo contento al ver entrar el sol por la ventana- Ahora partiré a anunciar la nueva estación a todos. Decidme qué puedo traeros dentro de un año como premio por vuestra amabilidad…

– Oh, pues una piedra preciosa no estaría mal. Así dejaríamos de ser pobres- dijo Estropajo.

– No entiendo de piedras preciosas… Pero conozco un árbol que da hojas de oro. Está muy lejos… y junto a él, hay un árbol todo verde de laurel. Dicen que quien posee sus hojas, que no se caen nunca, conserva la felicidad siempre, aunque pase penurias…

– Oh, a mí tráeme una de esas hojas de laurel– dijo entusiasmado Desperdicio.

– No seas tonto, hermano, pide una de las otras, de las hojas de oro… – le regañó Estropajo- Yo quiero la ramita de hojas de oro- dijo al fin.

Los remendones y el cuco: las ramitas del cuco

El cuco salió volando. Ese año, los dos hermanos pasaron más calamidades que ningún otro. Ya ningún vecino llevaba sus zapatos, y sobrevivían solo con lo que daba su pequeño campo de cebada. Llegó el invierno y el pequeño cuco regresó de su viaje, con dos ramitas: una de oro para Estropajo y una de un verde intenso para Desperdicio.

– Ay, hermano, qué tonto fuiste- dijo Estropajo- Mira que pedir una rama con hojas que puedes encontrar en cualquier lugar… No tienes cerebro…

– Cada año os traeré una de estas ramas si dejáis que pase en vuestra casa el invierno- dijo el cuco, quien se acomodó de nuevo en su huequito del techo.

Pero Estropajo pronto decidió que aquel no era lugar para alguien con tanto oro como él, así que abandonó la humilde cabaña y se fue a una casita del pueblo en donde comenzó a trabajar por separado. Pronto los aldeanos acudieron a él, al ver los lujos con los que trabajaba.

Hasta Primorosa, la joven que ambos hermanos cortejaban, cayó rendida ante él y terminaron casándose ese mismo invierno. Por supuesto, Desperdicio no fue invitado…

A Estropajo ya no le faltó trabajo. Todos le admiraban. Y Desperdicio, por su parte, nunca envidiaba ni deseaba nada más. Era feliz, y su felicidad se irradiaba a todos lo que hablaban con él. De hecho, un día, regresó muy abatido el dueño de aquel lugar. Había sido expulsado de la corte por un mal comentario al rey, y estaba realmente deprimido. Un día se encontró en el campo con Desperdicio, y después de hablar un rato con él, se sintió el hombre más feliz del planeta.

Pronto lo comentó con todos, y se hizo tan famoso, que la pequeña choza de Desperdicio se convirtió en un lugar de consultas y curaciones ‘del alma’.

Por su parte, el cuco nunca faltaba a su promesa, y cada año traía una nueva ramita verde de la alegría para el joven.

Los remendones y el cuco: el rey

La fama de Desperdicio llegó hasta el rey, que pasaba por un mal momento. Estaba triste y enfadado, y mandó llamar al famoso joven ‘de la felicidad’.

Desperdicio cosió la ramita verde en el forro interior de su jubón y acudió a la cita. El rey no tenía muchas esperanzas, pero después de hablar con él durante una hora, sintió que todos sus pesares habían desaparecido. De pronto se sintió alegre, liberado y realmente feliz.

Todos los que trabajaban en la corte quisieron hablar con Desperdicio y su fama fue en aumento. El rey le preparó una habitación en el castillo y le pidió que nunca le abandonara. Y Desperdicio se quedó allí, pero por más que recibía joyas, ropas lujosas y regalos muy caros como agradecimiento, él seguía vistiendo su viejo jubón. Un día, el rey le preguntó:

– ¿Por qué sigues con ese harapiento ropaje cuando puedes vestir casacas bordadas en oro?

– Señor, este jubón me ayuda a alejarme de la soberbia y recordar quién soy en realidad y lo poco que necesito para ser feliz.

– Tienes razón- dijo el rey- Puedes seguir vistiendo así si lo deseas.

Desde entonces, a Desperdicio nunca le faltó de nada, y se convirtió en el consejero más querido por el rey.

«Este jubón me ayuda a alejarme de la soberbia y recordar quién soy en realidad y lo poco que necesito para ser feliz».

(‘Los remendones y el cuco’)

Qué temas puedes trabajar con el cuento ‘Los remendones y el cuco’

Utiliza este cuento popular de ‘Los remendones y el cuco’ para reflexionar sobre:

  • El valor de la humildad.
  • La soberbia y la avaricia.
  • El concepto de felicidad.
  • La caridad y la gratitud.

Reflexiones sobre el cuento ‘Los remendones y el cuco’

¿Quién es más feliz en realidad en el cuento de Los remendones y el cuco? ¿El hermano que recibe oro y se rodea de personas interesadas en sus bienes materiales? ¿O el que tiene el don de transmitir la felicidad a todos y vive en paz con lo poco que tiene? De este punto parte una profunda reflexión sobre la importancia de los bienes no materiales y la felicidad:

  • El peso de lo material frente al peso de lo espiritual: A veces confundimos felicidad con los bienes materiales que nos permiten vivir de forma desahogada pero que sin embargo, nos nos liberan de sentir desdicha o penas. La mayoría de las veces esos bienes materiales camuflan una infelicidad que tiene que ver con lo poco que al final el oro nos aporta.

En ‘Los remendones y el cuco’, uno de los hermanos es materialista y prefiere el oro a la alegría. El otro hermano sin embargo prefiere la felicidad a pesar de seguir siendo pobre. Sin embargo, al final, el más rico resultó ser el hermano que no había elegido el oro. El más admirado, el más importante, fue el que escogió la felicidad. Realmente es mucho más valiosa que todo el oro del mundo junto.


«Los bienes materiales nos permiten vivir de forma desahogada, pero no impiden que sintamos pena y desdicha.»

— (Reflexiones sobre ‘Los remendones y el cuco’)

Más reflexiones sobre ‘Los remendones y el cuco’

  • La felicidad se contagia: El don que además recibió Desperdicio en este cuento de ‘Los remendones y el cuco’ fue la capacidad de ‘contagiar’ su alegría y su felicidad, de ‘curar’ los corazones desdichados. Podía transmitir a todos su felicidad y sanar los corazones y las malas conductas, dirigir a los demás hacia el bien. Gracias a él, aquellos que le rodeaban eran capaces de ver lo realmente importante, de desprenderse de lo superficial, de recuperar la humildad y alejarse de la vanidad y la soberbia. Un corazón limpio, sin ese tipo de deseos que solo provocan frustración y desdicha, es un corazón feliz.
  • La gratitud del pequeño cuco: Un acto de bondad es infinitamente recompensado. Así, en ‘Los remendones y el cuco’, el pequeño pájaro no olvidó ni un año su promesa. Su gratitud hacia los hermanos era eterna, y lejos de imponer su propio regalo, les dio la oportunidad de elegirlo, en libertad. Porque en el fondo, la vida nos permite elegir nuestro propio camino. Somos libres de escoger la felicidad material frente a la inmaterial.

«Un acto de bondad genera otro acto de bondad.»

— (Reflexiones sobre ‘Los remendones y el cuco’)

Otros cuentos populares españoles para niños

Si te gustó el cuento de ‘Los remendones y el cuco’, prueba a descubrir también estos otros relatos:

  • El Cristo del convite: Un cuento que habla (como en ‘Los remendones y el cuco’) de caridad, de humildad y de las recompensas a los actos de bondad verdaderos, frente a aquellos que nacen de un interés particular.
  • Los zapatos de hierro: Este cuento nos habla de la ‘penitencia’, de un largo camino que nos lleva a enmendar nuestros errores para conseguir el perdón.
Cuento con valores para niños: Los zapatos de hierro
Los zapatos de hierro, un cuento de hadas lleno de valores
  • El castillo de irás y no volverás: En esta ocasión aquí tienes un cuento de hadas cuyas aventuras nos demuestra que sí podemos cambiar nuestro destino con las decisiones que tomamos.

Y recuerda que también puedes escuchar muchos cuentos infantiles tan maravillosos como este de ‘Los remendones y el cuco’ narrados. Los encontrarás aquí en forma de podcast:

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Estefania Esteban
Estefania Esteban
Periodista y escritora de literatura infantil.

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