Un cuento popular sobre la vanidad para leer con los niños

El cuento para niños ‘La torta’ fue el precedente del ‘Hombre de Gengibre’, el cuento popular en que se inspitó el segundo. El primero fue recopilado en el siglo XIX por el traductor británico George Webbe Dasent. Verás que guarda bastante parecido con el segundo. Nos habla de vanidad y falta de prudencia.

Un cuento para niños popular sobre la vanidad: La torta

Un cuento para niños sobre la fanta de prudencia: La torta
‘La torta’, un cuento para niños sobre la falta de prudencia y la vanidad

Una mujer preparaba en la cocina una enorme torta para sus siete hijos. Los niños miraban con ojos golosos y no dejaban de preguntar cuándo podrían comer un trozo:

– ¿Cuándo podré comer un poco de torta, mamá?- dijo el hijo pequeño.

– Yo también quiero, linda mamá– dijo el segundo de los hijos.

– Para mí un trozo grande, querida y linda mamá- dijo el tercer hijo.

– Y yo uno mayor, dulce, querida y linda mamá- dijo el cuarto hijo.

– Que sea uno mayor para mí, buenísima, dulce, querida y linda mamá- dijo el quinto hijo.

– No olvides mi trozo de torta, tierna, buenísima, dulce, querida y linda mamá- dijo el sexto hijo.

– Y un trozo para tu hijo mayor, inteligente, tierna, buenísima, dulce, querida y linda mamá- dijo el séptimo hijo.

Tenéis que esperar a que le de la vuelta a la torta y se dore bien por el otro lado- respondió muy amable la madre, mientras los hijos seguían mirando cómo se doraba la deliciosa torta.

Y la torta, por su parte, comenzó a pensar:

– ¡Tengo que escapar de aquí!

La merienda de los niños se escapa

Intentó dar la vuelta ella sola, pero no pudo, así que esperó y ya cuando estaba totalmente tostada y más dura, se dio un impulso y salió rodando por el suelo a toda velocidad.

– ¡Que se escapa la torta!- gritó uno de los hijos.

Y allá que fueron los niños, la madre, con la sartén en la mano y hasta el padre, recién levantado de la siesta, persiguiendo a toda velocidad a una torta que era mucho más rápida, porque le pilló una cuesta abajo.

La familia se dio por vencida y regresó a la casa. La torta, por su parte, no dejaba de rodar. Se encontró con un hombre que le dijo:

– ¡Para, torta! ¡Para y deja que te pruebe!

– Si me escapé de una mujer con siete hijos chillones, me podré escapar de ti- dijo ella mientras se alejaba.

Poco después, se encontró con una gallina:

– ¡Para, para, torta! ¿Dónde vas tan deprisa! Deja que te pruebe…

– Si me escapé de una mujer con siete hijos chillones y un hombre a mitad de camino, ¿no voy a escapar de ti?

Y siguió rodando. Se encontró entonces con un gallo:

– ¡Espera torta! ¡Para un poco para que pueda probarte!

– Si me escapé de una mujer con siete hijos chillones, un hombre y una gallina, podré escapar de ti.

Una torta envalentonada

Y la torta siguió rodando. Se cruzó entonces con un pato:

– ¡Cua, cua! ¿Dónde vas tan deprisa, torta? Espera un poco… ¡Quiero probarte!

– Si me escapé de una mujer con siete hijos chillones, un hombre, una gallina y un gallo, podré escaparme de ti…

Nuestra protagonista continuó su camino y se topó con una oca:

– ¡Detente, torta! ¡Tengo hambre! Deja que te pruebe…

– Me escapé de una mujer con siete hijos chillones, un hombre, una gallina, un gallo y un pato. ¡También podré escapar de ti!

Y la torta siguió rodando. Se encontró entonces con un ganso:

– ¿Dónde vas, torta? Para y deja que te pruebe…

– No lo creo, ganso. Me escapé de una mujer con siete hijos chillones, de un hombre, una gallina, un gallo, un pato y una oca… No tendré problemas en escapar de ti.

Y continuó su camino. Se acercaba ya al bosque cuando se encontró con un cerdo. La torta no paró pero el cerdo le dijo:

– Espera, no temas, no te haré daño. Puedo guiarte por el bosque. Tal vez me necesites…

– De acuerdo- dijo ella.

Y entonces aminoró su marcha para ir al paso del cerdo, que parecía simpático. Llegaron los dos hasta un río y le dijo el cerdo a la torta:

– Te ayudaré a cruzar. Sube en mi hocico y así no te mojarás.

La torta hizo lo que le dijo y en cuanto estuvo acomodada en el hocico, el cerdo abrió mucho la boca y se la comió casi sin masticar. Y la torta ya no pudo ir más lejos.

Qué podemos trabajar con este cuento infantil

Utiliza este cuento popular que inspiró al conocido cuento del Hombre de jengibre para hablar con los niños acerca de:

– La vanidad.

– Cuándo desconfiar de los demás.

– La astucia.

Reflexiones sobre este cuento para niños

Desde luego, la vanidad al final no suele llevarnos a un buen lugar. Es lo que le sucedió a esta torta ‘envalentonada’ al ver que era capaz de escapar de todos:

No te confíes demasiado: el exceso de confianza y la vanidad hace desaparecer el miedo relacionado con la prudencia. De pronto nuestra protagonista se sintió invencible, capaz de escapar de cualquiera, y ese ‘botoncito de alerta’ ante los peligros que todos poseemos, se desvaneció. Por ese motivo no fue capaz de intuir que tras las buenas palabras del cerdo se escondía una mala intención. Cuidado con esa vanidad que es tan cegadora como la codicia y que nos hace ver una realidad totalmente diferente.

El sentido de la prudencia: existe un miedo muy útil, relacionado con la prudencia, que nos avisa de un peligro. Ese sentido es el que nos hace ‘ver’ en un desconocido aquello que nos alerta de sus intenciones. Esa voz que nos suele decir: ‘cuidado, no te fíes’. Y es lo que la torta no logró ver en el cerdo, que usó tanta amabilidad y astucia. Sin prudencia, por mucho valor e inteligencia que se tenga, no sirve de nada.

La astucia del cerdo: quien mejor supo ganarse esta torta dorada fue el cerdo, quien usó la persuasión, en lugar de la imposición, como el resto de personajes. Y ya se sabe, que ‘se cazan más moscas con miel que con la mano’. Basta un poco de dulzura y de buenas palabras para conseguir esa confianza que el cerdo necesitaba para conseguir su objetivo. Sin duda, fue astuto y obtuvo su recompensa.

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