Felicia y el bote de rosas. Cuento de hadas para niños

Este cuento, ‘Felicia y el bote de rosas’, pertenece al libro azul de cuentos de hadas del escritor escocés Andrew Lang (1844-1912), quien no destacó por ningún libro en particular, pero sí nos dejó innumerables cuentos como este, rescatados del folclore y de otros autores. En este caso, se cree que el cuento fue escrito en su día por una mujer: Marie-Catherine d’Aulnoy o Condesa d’Aulnoy o Madame d’Aulnoy (1651-1705). Como en todos los cuentos de hadas, la imaginación juega un papel importante, pero también los valores que la historia transmite. En esta ocasión, los protagonistas son dos hermanos: Felicia y Bruno.

TIEMPO DE LECTURA: 12 MINUTOS

El cuento de hadas de Felicia y el bote de rosas

Felicia y el bote de rosas, un cuento de hadas para niños
El cuento de Felicia y el bote de rosas

Había una vez un hombre muy humilde, labrador, que cuidaba solo desde hace muchos años a sus dos hijos: Felicia y Bruno. Incansable trabajador, el hombre, ya mayor, decidió reunir a sus hijos y prepararles para cuando llegara el momento de su muerte:

– Queridos hijos, veo cerca mi final, y deseo dejaros todo lo que tengo, que no es mucho… Hace tiempo una bondadosa noble se hospedó aquí y me dejó como regalo un anillo de plata y un bote de rosas. Me aseguró además que tendría una hija muy hermosa… tú, Felicia… y que ella debía heredar el anillo y las flores. Para ti serán cuando yo muera. El resto, será para ti, Bruno: esta cama y los taburetes donde nos sentamos cada día… y la gallina que tantos huevos nos da cada semana.

Ambos estuvieron de acuerdo, y días después, su padre murió. Felicia guardó el anillo de plata y comenzó a cuidar de las rosas. Pero su hermano, nada más morir su padre, comenzó a tratarla con mucha dureza.

– ¡No te sientes en mi taburete! ¡Tu ya tienes tu anillo y tus flores!- le gritaba.

La pobre Felicia tenía que sentarse en el suelo, y comer las cáscaras y las sobras que su hermano le dejaba después de cada guiso, porque no quería compartir con ella los huevos que ponía su gallina.

– ¿No te gustan las cáscaras?- le decía con desprecio- ¡Pues sal al bosque a cazar ranas! Hay muchas cerca del pantano. Igual puedes comer alguna…

Felicia y el bote de rosas: el encuentro del hada del Bosque

Felicia se fue llorando a su cuarto, en donde guardaba su jarrón de rosas.

– No os preocupéis, florecillas mías…. yo os cuidaré siempre.

Entonces se dio cuenta de que los tallos de las rosas estaban un poco secos, y decidió ir a por agua a la fuente, a pesar de que ya era de noche y que estaba lejos, junto al bosque. Pero hasta allí fue Felicia con un cántaro en la mano, dispuesta a llenarla de sabrosa agua para sus rosas.

Cuando llegó a la fuente, estaba tan cansada, que decidió sentarse un momento. Y justo entonces, escuchó el ruido de unas carrozas que se pararon justo donde estaba ella. Bajaron sirvientes vestidos de ropas lujosas y repletas de bordados. En un momento, levantaron un dosel y prepararon una mesa con un mantel de seda.

Entonces, de la carroza bajó una hermosa dama, una reina, con un vestido que brillaba como las estrellas. Se sentó a la mesa y miró a Felicia.

– ¿Qué hace una chica tan joven a estas horas en la fuente?- le preguntó- ¿No tienes miedo de los ladrones?

– No… no, señora- dijo con timidez Felicia- No tendrían mucho que robarme…

– Ah, entonces, ¿tan pobre eres?

– Lo soy, majestad… solo poseo un anillo y un bote de rosas.

– Pero tienes un gran corazón… Y dime, bella niña, ¿ya has cenado?

– No, señora…digo, majestad. Mi hermano se comió todo…

– Vaya, no te preocupes. Puedes cenar conmigo.

El regalo de Felicia en ‘Felicia y el bote de rosas’

La reina ordenó que hicieran un sitio para Felicia y la invitó a la mesa, repleta de suculentos manjares.

– Y dime, Felicia, ¿qué hacías a estas horas junto a la fuente?

– Vine a por agua para mis rosas.

La chica se agachó para mostrar el cántaro lleno de agua a la reina, pero de pronto, vio que el fondo del agua brillaba con intensidad. El agua parecía estar hecha de oro y piedras preciosas.

– Es tuyo, Felicia. Quiero que siempre recuerdes que la reina del Bosque es tu amiga. El agua de este cántaro mantendrá siempre frescas tus rosas.

Felicia estaba tan contenta, que quiso entregar a su nueva a miga algo a cambio:

– Si espera aquí un momento, volveré con un regalo… quiero darle mi bote de rosas.

– De acuerdo, aquí esperaré- le dijo la reina.

Felicia fue corriendo a su casa, pero al llegar, en el bote donde tenía las rosas, encontró un feo repollo, que su hermano había colocado en su ausencia. La pobre Felicia estaba desconsolada. ¿Qué podía regalarle a la reina del Bosque? Regresó hasta la fuente y le dijo:

– Lo siento, majestad, mi hermano robó las rosas y en su lugar puso un repollo… pero me queda el anillo, y deseo que sea suyo.

– Pero Felicia, si me entregas el anillo, ¿qué te quedará? Ya no tendrás nada…

– Me quedará la amistad de la reina del Bosque- dijo ella con firmeza- Y mi corazón.

La reina sonrió y se colocó en uno de los dedos el anillo. Después, se despidió de Felicia.

La extraña historia de Felicia y el bote de rosas

Lo primero que hizo la chica al llegar a la cabaña, fue tirar la col por la ventana.

– ¡Ay!- gritó la col.

– ¿Será posible? ¿No he creído oír a la col hablar?- se dijo la chica algo asustada. Pero estaba tan cansada, que se durmió, y al día siguiente, salió a buscar sus rosas.

Encontró en el suelo la col que había arrojado por la ventana, y al darle una patadita, ésta dijo:

– ¡Por favor, no me pegues! Si me plantas junto al resto de mis compañeras, te diré dónde están tus rosas…

– ¿En serio me hablas? ¿Y dónde están las rosas?

– Tu hermano las escondió bajo su cama.

– Uff… no me puedo ni acercar a ella…

La chica decidió plantar la col con el resto de coles y al pasar por el gallinero, se le ocurrió que si escondía la gallina de su hermano… Pero al agarrarla, la gallina le dijo:

– ¡No, espera! ¡No me hagas daño! Si me dejas tranquila, te contaré todo lo que sé.

– ¿Lo que sabes? ¿Tú también hablas?

– Sí, porque en realidad soy una nodriza. Tu nodriza.

– No entiendo nada- dijo Felicia.

– Verás, en realidad no eres pobre, ni tampoco hija de tu pobre padre. Tu madre era una reina. Tenía ya seis hijas y el rey le prometió decapitarla si no le daba un hijo varón. Por desgracia, su siguiente bebé también fue una niña… tú. Para salvarse y salvar tu vida, decidió intercambiar el bebé con el de su hermana, el hada del Bosque. Pero pasó algo…

La hermana de la reina tenía una enemiga, un hada terrible que la envidiaba, y al bebé que ella mandó al castillo, mediante un céfiro, lo transformó en rosa. Tu madre intentó huir, llevando consigo la rosa junto con otras en un bote y llegó hasta esta cabaña. A mí me convirtió en gallina. Y tu madre murió poco después. Antes, te dejó al cuidado del que conociste como tu padre, junto con el anillo de plata y las rosas.

Felicia y el bote de rosas recuperado

– ¿Y las coles? ¿Quiénes son?- preguntó Felicia, sin entender nada.

– Eran soldados que un día envió el rey en busca de la reina. Su hermana, el hada del Bosque, los transformó en coles para que no pudieran hacerte daño.

Felicia no sabía si creer aquella extraña historia. ¿Princesa, ella? Entonces vio salir de la cabaña a su hermano, y decidió que era el momento de recuperar sus rosas. Pero al entrar, vio a un ejército de ratas rodeando la cama. Intentó acercarse, y las ratas la mordían y arañaban… Entonces recordó el cántaro con agua que el hada del Bosque le regaló y decidió verter algunas gotas sobre las ratas. Los animales huyeron chillando, y Felicia pudo recoger sus rosas. Estaban un tanto secas, así que las colocó con delicadeza en el cántaro de agua.

En ese momento, una de las rosas habló:

– Dulce chica que tanto y con tanto amor me cuida…

Felicia casi se desmaya del susto. ¿Una flor? ¿Acababa de oír hablar a una flor?

Justo en ese momento regresaba Bruno, y al ver que su hermana había encontrado las rosas, la echó de casa. Tendida afuera, en el suelo, Felicia escuchó cómo unas carrozas se acercaban. ¡Era la reina del Bosque!

– Querida Felicia, lo conseguiste. Me devolviste aquello que me arrebataron hace tantos años y ahora deseo premiarte por ello.

Felicia seguía sin entender nada. Allí estaba el hada del Bosque, y a su lado, un apuesto príncipe vestido con una túnica de raso.

El hada confirma la historia de Felicia y el bote de rosas

La gallina te lo contó todo, ¿no es así? Tú eres una princesa, hija de mi hermana. Y este apuesto joven era el bebé que partía hacia el castillo cuando una enemiga le transformó en rosa. Durante todo este tiempo he intentado deshacer el embrujo y no he podido. Pero estaba segura de que tú lo conseguirías. Al entregarme el anillo entendí que tu corazón es el más puro. Tu bondad ha devuelto la forma original al que ahora será tu marido, si es que aceptas. Ambos os convertiréis en los reyes tras la boda.

– Pero… ¿todo era cierto? ¿La gallina es mi nodriza? ¿Las coles son soldados?

– Sí, querida, tal y como te lo contó, así fue. Gracias a tu enorme corazón, todos recuperarán su apariencia real… Y si quieres, podemos castigar a tu hermano, que tan mal te ha tratado.

– Oh, no, no quiero que sea infeliz. Sin todo lo contrario- dijo ella.

– Está bien, pues le daremos aquello que necesita…

Con un golpe de varita, el hada del Bosque transformó la cabaña en un palacio, dejando, eso sí, los taburetes y la cama de paja original, para que Bruno nunca olvidara su procedencia. Y lo más importante, le concedió el don de la amabilidad y desde entonces, el joven dejó de comportarse de forma arisca con los demás.

Felicia, por su parte, se casó con el príncipe-rosa y ambos fueron muy felices para siempre.

Qué temas puedes trabajar con este cuento de Felicia y el bote de rosas

Utiliza este cuento de hadas del siglo XVII, Felicia y el bote de rosas, para hablar con los niños de:

  • La bondad.
  • El valor de la generosidad.
  • Las recompensas a la bondad y la gratitud.

Reflexiones sobre el cuento de Felicia y el bote de rosas

Adaptar un cuento de hadas tan antiguo como este de ‘Felicia y el bote de rosas’ a nuestra época tiene su dificultad. Debemos entenderlo en su contexto histórico, en el momento en el que la sociedad salía de la época medieval, basada en el estamento de reyes y vasallos. Las bodas entre primos y familiares eran habituales, de ahí el final de esta historia que hoy tal vez nos sorprenda, con la boda entre los primos. Pero más allá de todo esto, existen ciertos valores que no cambian a lo largo de los años, y que son el mensaje principal del cuento:

  • Los premios a la bondad: La joven Felicia representa en este cuento de Felicia y el bote de rosas todas las virtudes propias de un corazón limpio y bondadoso. Es generosa, caritativa, comprensiva, amable, carente de deseos de venganza y sentimientos de odio. Su hermano, sin embargo, representa las emociones más negativas y los sentimientos que ‘envilecen’ al hombre: el desprecio, la falta de empatía o solidaridad y la envidia. Felicia será recompensada en esta historia por su bondadoso corazón, pero Bruno, sin embargo, no es castigado… ¿por qué?

«El corazón más bondadoso es aquel que no teme desprenderse de los bienes materiales; sabe que la grandeza está en el interior»

(Reflexiones de Felicia y el bote de rosas)

Una reflexión más sobre Felicia y el bote de rosas

  • El perdón, virtud de la bondad: Bruno podría haber sido castigado en este cuento de Felicia y el bote de rosas, pero el bondadoso corazón de su hermana lo liberan de ese mal. Y lo hace mediante el perdón. Ese perdón que implica un cambio, una transformación, con la que el hada del Bosque cambia el corazón de Bruno. El perdón de su hermana, a pesar de lo mal que él la había tratado, transforma su corazón. El hada del Bosque solo lo hace ‘visible’, recordándonos que la verdadera magia es aquella que nace de nuestro interior y es capaz de transformar a los que nos rodean.

«El perdón tiene el poder transformador del corazón»

(Reflexiones sobre ‘Felicia y el bote de rosas’)

Otros originales cuentos de hadas para los niños

¿Te gustó el cuento de ‘Felicia y el bote de rosas’? Entonces, disfrutarás también con estos otros cuentos de hadas igual de especiales:

  • Riquete el del copete: Este famoso cuento narra la historia de amor entre una princesa y un príncipe poco agraciado (físicamente hablando). La historia, de Charles Perrault, habla del amor verdadero más allá de las apariencias externas.
  • Pulgarcita: La grandeza interior nada tiene que ver con el tamaño exterior, ni con la belleza. Tiene que ver con valores como el coraje, la empatía o la comprensión. Este cuento de Hans Christian Andersen, narra la original y extraña aventura de una diminuta protagonista.
Cuento infantil de Pulgarcita
El cuento de Pulgarcita para niños
  • Al este del sol y al oeste de la luna: Este cuento noruego narra una extraña historia que tiene que ver con valores como el esfuerzo y la perseverancia, y las recompensas al amor verdadero.

Por supuesto, si buscas cuentos narrados para escuchar, podrás encontrar muchos aquí, en el canal de podcast de Tucuentofavorito.com:

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Estefania Esteban
Estefania Esteban
Periodista y escritora de literatura infantil.

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