Una fábula corta con valores para leer con los niños

Esta fábula corta nos llega desde latinoamérica y habla del engaño y el terrible sentimiento de ‘venganza’. ‘El lobo y la zorra’ nos alerta de las terribles consecuencias a las que puede llevarnos la venganza, pero también nos recuerda que aquellos que engañan y se burlan de otros también suelen recibir un merecido castigo.

Una fábula sobre el sentimiento de venganza: El lobo y la zorra

Una fábula sobre el sentijmiento de venganza: El lobo y la zorra
‘El lobo y la zorra’, una fábula sobre las mentiras y el sentimiento de venganza

Paseaba por un bosque una zorra hambrienta, cuando se encontró con un lobo que llevaba entre sus fauces una gallina bien hermosa.

– Vaya, señor lobo, qué suerte y qué buena caza, sí señor… ¿qué piensas hacer con esa gallina?- preguntó la zorra.

– Vaya pregunta, ¡pues comérmela!- respondió orgulloso el lobo.

– Y digo yo- siguió hablando la zorra– ¿No sería mejor que la dejaras libre un momento para que te indique el camino al gallinero? Piensa, amigo lobo, que allí tendrías alimento seguro por una buena temporada…

– Pues no es mala idea- dijo el lobo- Creo que haré lo que me dices.

– Muy bien, ve a buscar a la loba para que ella también conozca el camino al gallinero. Mientras, yo te vigilaré la gallina para que no se escape.

Y así, el ingenuo lobo dejó la gallina a la zorra y partió en busca de la loba. La zorra, evidentemente, no tardó ni un minuto en comerse a la gallina. Cuando el lobo llegó y vio que le habían engañado, ardió en ira:

– ¡Maldita zorra! ¡Me vengaré por lo que hiciste!- dijo muy enfadado.

El lobo y la zorra: el segundo engaño

Poco después, el lobo se encontró de nuevo con la zorra. Estaba en lo alto de un nopal, degustando las mejores tunas.

– ¡Te encontré, zorra! ¡Pagarás por lo que me hiciste!- gritó el lobo.

– ¿Y qué hice yo? Precisamente te buscaba, lobo, para contarte qué pasó el otro día. Resulta que de pronto saltó delante de mí una ardilla, y mi instinto me llevó a intentar atraparla. Al soltar a la gallina, ésta se fue corriendo y decidí seguirla. Ahora ya sé dónde está el gallinero, y te lo enseñaré, por supuesto. Pero antes, para que recuperes la confianza en mí, ten unas cuantas tunas, que están muy dulces.

Y diciendo esto, la zorra comenzó a lanzarle tunas al lobo:

– Una, dos, tres…

– Echa más, zorra, que son muy pocas- dijo el lobo.

Y entonces la zorra le lanzó un trozo de nopal con sus espinas, y el lobo, al intentar masticarlo, salió huyendo del dolor.

– Arggg! Maldita zorra, ¡otra vez me engañaste! ¡Mi venganza será terrible!- dijo alejándose de allí el lobo.

El lobo intenta vengarse de nuevo

Tardó poco en volver a encontrarse el lobo con la zorra, que estaba en un precipicio junto a una pared. A la zorra se le ocurrió algo, y se puso contra la pared haciendo como que la sujetaba.

– ¡Te encontré, zorra!- dijo el lobo acercándose a ella- ¡Y no tienes escapatoria!

– Oh, amigo lobo, no te acerques o moriremos los dos. Yo ya voy a morir aplastada por esta pared que sujeto. En cuanto deje de hacerlo, se caerá sobre mí…

El lobo creyó que era verdad y dio unos pasos atrás.

– Pero no quiero que creas que te engaño constantemente- dijo la zorra- antes de morir, quiero dejarte todas las gallinas que encontré en el gallinero.

– ¿Y dónde están?- preguntó el lobo.

– En mi madriguera.

– Pues dime cómo se va y listo.

– Bien, no es sencillo… debes caminar recto y torcer a mano izquierda, luego pasar el río y al décimo árbol de hojas plateadas a la derecha pero torciendo en seguida …

– ¡Qué complicado!

– Si quieres, sujeta tú la pared, voy a por ellas y las traigo hasta aquí.

El lobo, cegado por la codicia de conseguir las gallinas, accedió, y se puso en el lugar de la zorra. Pero pasaron los minutos y las horas y ella no regresaba. Y se hizo de noche…

– ¡Otra vez me engañó!- dijo el lobo muy enfadado.

El último intento de venganza del lobo

No tardó mucho. Al día siguiente, la vio y saltó sobre ella sin decir palabra. Le agarró del pescuezo y ella dijo:

– ¡Espera, amigo lobo! Ahora que ya me tienes segura, deja que te lleve hasta el gallinero que veo desde aquí. Ya sabes que los zorros tenemos muy buena vista…

– Está bien, pero iré contigo. No me fío…

La zorra comenzó a caminar y llevó al lobo sin que él lo supiera a un lugar en donde había una trampa para lobos. Sobre un montón de hojas, el lobo vio un cordero, y sin sospechar que era una trampa, saltó sobre él, cayendo a un profundo agujero.

– Ay, amigo lobo- dijo la zorra- Ya te dije que era mejor perdonar, pero tú insististe en vengarte de mí… Triste final has tenido.

La zorra se alejó, sin saber que muy cerca le esperaba un cazador.

Moraleja: «Ni la venganza ni el engaño traen buenas consecuencias»

Qué valores podemos trabajar con la fábula ‘El lobo y la zorra’

Utiliza esta fantástica fábula popular para hablar con los niños de todos estos valores:

– El perdón frente a la venganza.

– La sinceridad.

– Las consecuencias de nuestros actos.

– La resolución de problemas.

Reflexiones sobre esta fábula popular para niños

Podríamos decir eso de ‘donde las dan, las toman’, pero solo nos serviría para retratar el final de la fábula. El tema principal esta vez es la venganza, una emoción que de nada nos sirve más que para hacernos daño:

El odio no soluciona nuestro problema: el enfado es una emoción natural. Nos hacen daño y sentimos odio. Nos engañan y sentimos frustración y mucha rabia. Pero en nuestras manos está transformar esta emoción o permitir que nos ‘devore’ por dentro. La venganza surge de la emoción del odio, del deseo de pagar con el mismo mal el daño que nos hicieron.

En realidad no suele resolver el problema, ni terminar con el mal que nos hicieron. El odio genera más odio y la venganza termina haciéndonos daño a nosotros mismos. El lobo acabó sufriendo una y otra vez los reveses de la inteligente zorra y al final, acabó en manos del cazador.

Tampoco el que engaña se sale con la suya: aunque los más astutos son los que suelen salirse con la suya, al final el engaño termina pasando factura. No solo cayó en las manos del cazador el lobo, sino que la zorra, tan lista que se creía, al final tuvo el mismo final que su enemigo. Las mentiras, por lo tanto, tampoco nos libran de un mal final.

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Las ranas y el pantano seco: esta es una fábula de Esopo que habla de las posibles consecuencias de la impulsividad. Enseña a los niños la necesidad de usar la razón antes de tomar una decisión.

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