Un cuento infantil ruso de Alexandr Afanásiev

Este cuento, ‘El gallo de la cresta de oro’ forma parte del folclore ruso y fue recogido por el escritor Alexadr Afanásiev. Nos cuenta una increíble historia llena de valores como el de la humildad, la gratitud o contra valores como la envidia y la codicia.

Un cuento para niños sobre la humildad y la gratitud: El gallo de la cresta de oro

El gallo d ela cresta de oro, un cuento para niños con valores

Había una vez una pareja de campesinos muy humildes, que vivían en mitad del bosque. Se alimentaban de los frutos de los árboles y a menudo pasaban dificultades y mucho hambre.

Un día, la pareja salió en busca de bellotas y luego fueron a comerlas a su cabaña. A la mujer se le cayó una de ellas y se coló por las rendijas del suelo. Al cabo de unos días, comenzó a crecer entre las tabas de madera un pequeño tallo. Al verlo, la mujer dijo:

– Hagamos un agujero en el suelo para que pueda crecer la encina. Así tendremos bellotas en nuestra propia casa.

Y así hicieron. La encina pudo crecer y creció tanto que la pareja tuvo que abrir un hueco en el techo. El árbol siguió creciendo más y más hasta alcanzar las nubes.

Lo que el campesino encontró en la copa del árbol

Poco después, la mujer le dijo a su marido:

– Ya deben de haber salido bellotas en nuestra encina. ¿Puedes subir a por alguna?

Y el campesino empezó a trepar por el árbol más y más, hasta encontrarse de pronto entre las nubes. En la copa vio las bellotas, pero también un gallo con la cresta de oro. Junto a él, unas muelas de molino también de oro. Tomó el gallo y las mueles y bajó por el tronco del árbol.

– ¡Mira lo que encontré!- Le dijo a su mujer.

– ¿Unas muelas y un gallo? Voy a ver qué tal giran las muelas…

Y la mujer se puso a hacer que molía. De pronto comenzaron a aparecer flanes y dulces de todo tipo. También distintos manjares.

– ¡Son mágicas!- dijo la mujer entusiasmada- ¡Ya no pasaremos hambre nunca más!

El gallo de la cresta de oro ayuda a sus amos

La pareja vivió unos días de gran felicidad, haciendo aparecer comida con las muelas mágicas. Sin embargo, un día llegó a su casa un noble muy rico que pasaba por el bosque y les pidió algo de comer.

La mujer usó las muelas y el noble las vio. La codicia se encendió en su corazón y les dijo:

– Os doy una bolsa de monedas por esas muelas.

– No señor- dijo la mujer- Estas muelas no están en venta.

– Dos bolsas os doy. Con todo este dinero podéis arreglar vuestra casa… veo que tenéis un árbol en todo el medio…

– No señor, no necesitamos arreglar nada.

Las muelas no están en venta. El noble, enfadado, pidió quedarse a dormir allí y aprovechó la noche para robar las muelas y alejarse a su castillo. Al día siguiente, los campesinos descubrieron el robo:

– ¡Oh, no! ¿Y ahora qué haremos?

– No os preocupéis- dijo de pronto el gallo de la cresta de oro- Yo recuperaré las muelas.

El gallo de la cresta de oro y el noble

Y el gallo salió volando hasta el castillo del noble. Al llegar, le dijo:

– Quiquiriquí, quiquiriquí… devuélveme las muelas de mis amigos.

– Oh, un gallo que habla… ¡será posible!- dijo el noble- ¡Guardias, tirad a este animal al pozo!

Los guardias tiraron al gallo al pozo, y él dijo en alto:

– Quiquiriquí, quiquiriquí,… pico, pico, bebe todo el agua de un brinco.

Su pico se bebió todo el agua del pozo y pudo salir de él. De nuevo llegó hasta el noble y dijo:

– Quiquiriquí, quiquiriquí… devuélveme las muelas de mis amigos.

– ¿Otra vez tú? ¡Guardias! ¡Tirad a este animal a la lumbre! Los guardias arrojaron al gallo de la cresta de oro a la lumbre, y él empezó a decir:

– Quiquiriquí, quiquiriquí, pico, arrojad todo el agua que bebí de un brinco.

Y su pico comenzó a soltar el agua del pozo y apagó la lumbre. El gallo voló otra vez hasta donde estaba el noble. Estaba dando una fiesta y dijo en alto delante de todos:

– Quiquiriquí, quiquiriquí… devuélveme las muelas de mis amigos.

Los invitados gritaron asustados:

– ¡Un gallo que habla!

Y salieron corriendo. El gallo aprovechó la confusión para tomar las muelas de oro y alejarse de allí. Y así fue cómo la pareja de humildes campesinos recuperaron sus muelas y nunca más pasaron hambre.

Valores que puedes trabajar con el cuento El gallo de la cresta de oro

Con este fantástico y divertido cuento ruso puedes trabajar todos estos valores:

– El valor de la gratitud.

La justicia.

– El contra valor de la envidia y sus consecuencias.

La humildad.

Reflexiones sobre este cuento ruso para niños

Ay, la envidia, qué mala es… y qué buena la gratitud hacia aquellos que son humildes y bondadosos:

La humildad recompensada: la pareja de campesinos podrían haberse dejado llevar por la codicia. Tenían unas muelas de oro por las que podían haber conseguido mucho dinero. Sin embargo, preferían seguir viviendo en su humilde hogar y tener alimento para vivir. Esta humildad fue recompensada por el gallo de la cresta de oro que les ayudo a recuperar sus muelas.

La generosidad del gallo: el gallo de la cresta de oro no dudó en ayudar a sus amos ya que vio la bondad en su corazón y sintió una gran gratitud hacia ellos. La bondad suele ser recompensada por la gratitud y en esta caso la solidaridad del animal.

La justicia que reparte a cada cual lo suyo: está claro que las muelas de moler debían de regresar a los campesinos. eran suyas y no hubiera sido justo que el noble se las quedara robándolas.

La envidia cegadora: la envidia unida a la codicia hace cometer actos terribles a los hombres. El noble no dudó en robar las muelas de la casa de los campesinos a pesar de no necesitarlas para nada, solo por el placer de hacerles daño.

Otras fantásticas historias con valores para niños

Aquí tienes más relatos repletos de valores que también puedes utilizar para reflexionar con los niños:

El pájaro de oro: haz caso de los consejos de aquellos que tienen más experiencia en algo. Desobedecer y no hacer caso de ellos puede meterte en problemas.

Los seis criados: a menudo nos enfrentamos a pruebas complejas para las que necesitamos ayuda. La cooperación y el trabajo en equipo consigue maravillas.

El famoso cohete: la prepotencia no te lleva a ningún sitio. Al final el vanidoso termina quedándose solo.