La aventura de Don Quijote y los encamisados para niños

El hecho es que a Don Quijote se le conocía como El caballero de la Triste figura. ¿Sabes por qué? Todo partió a raíz de esta aventura (como siempre, muy divertida): La aventura de Don Quijote y los encamisados. ¡No te la pierdas!

El caballero de la Triste figura: historia de Don Quijote y los encamisados

El caballero de la Triste figura contado para niños
‘El caballero de la Triste figura’ contada para los niños

Tras la extraña aventura de los rebaños, Don Quijote y Sancho Panza buscaban una venta donde poder descansar, pero la noche se les vino encima, y hablando de sus cosas, de pronto distinguieron a lo lejos unas tenues luces que se movían:

– ¡Por mis muelas, Don Quijote! ¿Qué son esas luces? ¿Fantasmas?

– No lo quiera Dios, Sancho, que ya tuvimos bastante con los del castillo aquel en donde te mantearon… pero esto es distinto, porque están al aire libre, y no podrán escapar de mi lanza. Si son demonios, tendrán que pagar por ello.

Las luces se acercaban y entonces pudieron ver una comitiva encabezada por un hombre que cabalgaba sobre una mula. Tras él, una litera cubierta por un paño negro y detrás, una veintena de hombres encamisados que portaban enormes cirios encendidos.

La comitiva llegó hasta donde estaba nuestro caballero andante:

– ¡Quieto ahí! ¿Dónde van? ¿Quiénes sois? ¿A quién servís?- preguntó de ‘carrerilla’ Don Quijote, mientras el hombre le observaba entre extrañado y asustado ante aquella figura con armadura y lanza.

– No tengo por qué dar explicaciones a todas esas preguntas. ¡Tenemos prisa!- respondió muy seguro el joven encamisado, que también portaba un cirio.

– A mí no se me responde de aquella manera- dijo Don Quijote enfadado.

El caballero dela Triste figura se enzarza con los encamisados

Y entonces, comenzó a golpear con la lanza a todo el que pudo, siendo el hombre de la mula, al que tiró del animal y de la caída, se rompió una pierna. El resto pudo correr a resguardarse lo más rápido que pudieron.

Sancho pensó que su amo era en realidad tan valiente como decía y Don Quijote, que vio al encamisado en el suelo, le volvió a preguntar lo mismo:

-¿Acaso sois hombre del demonio?

– No señor, respondió el joven- sino más bien de la iglesia. Me llamo Alonso López. Esos que han huido, son sacerdotes. Yo estudiante de bachillerato. Llevamos el cuerpo sin vida de un señor que murió en Baeza y al que deben enterrar en Segovia…

– ¿Y de qué murió el hombre? Tal vez deba vengarle.

– Dios le mató enviándole unas calenturas…

– Ah, en ese caso, siendo Dios el justiciero, no tengo más medida que tomar…

– Pero bien agraviado que me ha dejado a mí con la pierna rota…

– Por hacerse pasar por criatura del demonio. ¿Qué voy a pensar yo al verles llegar con esos cirios encendidos en mitad de la noche y así, descamisados?

– Por lo menos podría vuestra merced ayudarme a subir a la mula para seguir nuestro camino.

El caballero de la Triste Figura… ¡Don Quijote!

Don Quijote llamó a Sancho para que le ayudara, pero éste estaba cargando sus alforjas con la comida y bebida que llevaban los hombres. Al terminar, ayudó al bachiller a subir a la mula. Éste le preguntó:

– ¿Cómo se llama su señor?

– El caballero de la Triste figura- respondió entonces Sancho, ante la sorpresa de Don Quijote.

La comitiva partió y Don Quijote preguntó:

– Dime Sancho, ¿por qué me llamaste de esa manera?

– Porque vuestra merced no ha visto lo que yo desde allá lejos. Así en la oscuridad, iluminado por los cirios, su figura es tremendamente triste.

– Ah… entiendo. Todo caballero andante tiene un mote por el que se le conoce. Yo seré pues ese que dices. Debería grabar en mi escudo la triste figura.

– Ya lo hará, que ahora es menester nuestro recuperarnos. He conseguido víveres. ‘Váyase el muerto a la sepultura y el vivo a la hogaza’.

Y los dos cabalgaron un poco más hasta un pequeño valle en donde pararon a comer y a beber para poder reponerse de la última aventura.

(Adaptación hecha por Estefanía Esteban)

Reflexiones sobre la aventura de El caballero de la Triste figura

Una vez más, Don Quijote se mete en un buen lío del que esta vez sale airoso gracias a que los otros hombres iban desarmados. De esta historia (que pertenece al capítulo XIX del libro de Don Quijote), parte el mote con el que se le conocerá a partir de ahora: El caballero de la Triste figura:

Una confusión con consecuencias: todos nuestros actos y nuestras decisiones tienen consecuencias y repercuten en otros. Así, la confusión de Don Quijote que le llevó a pensar que aquellos hombres eran demonios, terminó con una persona herida. El pobre bachiller se fue con una pierna rota sin no haber hecho nada malo. Lo único que hizo fue no responder a la pregunta de Don Quijote.

Los pícaros siempre salen beneficiados: y aquí tenemos al bueno de Sancho, que esta vez no quiso entrar en la pelea y se dedicó a asaltar los víveres de la comitiva mientras Don Quijote estaba enzarzado en la pelea. Pero gracias a su picaresca, después ambos pudieron comer. Y es que a veces la necesidad y la supervivencia nos lleva a hacer cosas ‘enfrentadas’ en algún modo u otro con ciertos valores.

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