Un cuento popular sobre por qué debemos respetar las cosas ajenas

El cuento para niños ‘Ricitos de oro y los tres osos’ es muy popular entre los niños. Se cree que procede de la cultura tradicional escocesa y cuenta la historia de una niña que encuentra en medio del bosque una misteriosa casa con la mesa puesta… Descubre la historia de este precioso cuento que también nos habla de la importancia de respetar las cosas de otros y que no son nuestras.

Un cuento para niños con moraleja: Ricitos de oro y los tres osos

El cuento de Ricitos de oro y los tres osos
Ricitos de oro y los tres osos, un cuento tradicional para niños

Vivía en una casita del bosque una familia de osos. Estaba papá oso, con un potente vozarrón, mamá osa con una dulce voz y el osito hijo, que tenía una angelical voz.

La familia de osos se despertó una mañana y todos fueron a desayunar. Papá oso y mamá osa habían preparado el desayuno, pero al probar la leche, mamá osa dijo:

– ¡Está muy caliente! Vayamos a dar una vuelta por el bosque mientras se enfría.

Y la familia de osos salió de la casa.

Da la casualidad que esa mañana pasaba por allí una encantadora niña a la que todos conocían como ‘Ricitos de oro’ por sus preciosos tirabuzones rubios.

Al ver la cabaña, le entró mucha curiosidad por averiguar quién vivía ahí. Llamó a la puerta, pero como no respondió nadie, entró. Entonces vio una mesa con tres cuencos llenos de leche: uno muy grande, otro mediano y un tercero más pequeño. Junto a cada cuenco había una rebanada: una muy grande, otra mediana y una tercera más pequeña.

Ricitos de oro quiere probarlo todo

Ricitos de oro probó la leche del cuenco grande.

– ¡Qué caliente está!- dijo la niña.

Entonces probó la leche del cuenco mediano:

– ¡Está fría!- protestó.

Y por último probó la leche del cuenco más pequeño:

– ¡Esta sí está bien!- dijo la niña mientras se la bebía toda.

Cuando terminó, Ricitos de oro entró en otra habitación y vio tres sillas: una muy grande, otra mediana y una más pequeña. Se sentó en la más grande y dijo:

– ¡Qué dura es! ¡Es muy incómoda!

Después probó a sentarse en la mediana:

– ¡Demasiado blanda!

Y por último, se sentó en la más pequeña:

– ¡Esta sí que me gusta!- dijo la niña.

Pero entonces, como empezó a dar pequeños saltos de contenta, la rompió. Y como aún quedaba una habitación en la casa, la niña decidió seguir investigando.

El susto que se llevó la niña al ver a los osos

Al entrar vio tres camas: una muy grande, otra mediana y una tercera más pequeña. Primero se tumbó en la más grande:

– ¡Qué dura es!- dijo mientras se levantaba deprisa.

Probó entonces la mediana:

– Uy, demasiado blanda…

Y por último, se tumbó en la cama pequeña.

– ¡Qué bien se está aquí!

Y a Ricitos de oro le entró tanto sueño, que se quedó dormida.

Poco después regresó la familia de osos. El padre al ver su cuenco dijo con su voz potente:

– ¡Alguien ha probado mi leche!

Y mamá osa dijo con su voz dulce:

– ¡Y también probó la mía!

El osito dijo entristecido:

– Y probó de la mía y se la bebió toda…

Después entraron en la habitación de las sillas y papá oso dijo:

– ¡Alguien se sentó en mi silla!

Mamá osa dijo:

– Y alguien se sentó en la mía.

Y el osito añadió:

– Pues alguien se sentó en mi silla y la rompió…

Y por último, pasaron al dormitorio. Papá oso dijo con su vozarrón:

– ¡Alguien se tumbó en mi cama!

Mamá osa dijo:

– ¡Y también en la mía!

Y el osito dijo asustado:

– ¡Pues alguien se ha tumbado en mi cama y aquí sigue!

Entonces, Ricitos de oro se despertó al escuchar las voces, los osos gruñeron, muy enfadados y del susto que se dio la niña al ver a los osos, salió corriendo y gritando de la casa. Nunca más la volvieron a ver y ella aprendió bien la lección.

Qué temas puedes trabajar con el cuento Ricitos de Oro

Con este cuento popular puedes trabajar estos temas: – El respeto a las propiedades de los demás. – La curiosidad. Dónde están los límites. – El valor de la prudencia. – Las travesuras. – La necesidad de pedir perdón.

La moraleja del cuento de Ricitos de oro y los tres osos

Está claro que los niños son curiosos por naturaleza, pero deben aprender dos cosas importantes desde bien pequeños: la necesidad de ser prudentes y de pedir perdón si se cometió una falta. Si este cuento tuviera moraleja, sería esta:

Moraleja: “Si te apropias sin permiso de lo que no es tuyo, puede que te lleves un buen escarmiento”

Reflexiones sobre este cuento tradicional para niños

Cuidado con la curiosidad que nos hace imprudentes: podemos decir que Ricitos de oro tuvo suerte. Entró en una casa que no era suya y no sabía quién podía vivir allí. Si en lugar de la encantadora familia de osos hubiera vivido alguien peligroso, la niña podría haber estado en peligro. La prudencia o el miedo a lo desconocido es esencial para protegernos de peligros grandes en la vida.

El respeto por las propiedades de otros: si alguien nos deja prestado un objeto (o un juguete) somos responsables de él y por lo tanto, debemos tener cuidado para no estropearlo o perderlo. Cualquier propiedad que no es nuestra va acompañada de una responsabilidad que recae directamente en nosotros. Y Ricitos de oro no tuvo cuidado con lo que no era suyo. Se bebió la leche del osito pequeño sin permiso y rompió su silla. Algo que desde luego, no es lo más recomendable. Es una muestra de falta de respeto hacia los demás. Su castigo fue un gran susto. Y gracias a él aprendió la lección. Nunca más se adueñaría de algo que no le pertenece sin pedir permiso antes.

Por qué debemos pedir perdón: cuando cometemos un error que además hace daño a otros, es indispensable arrepentirse y pedir perdón. De esta forma, las personas a las que hicimos daño, podrán aceptar lo ocurrido como un error, un accidente. De lo contrario, esas personas a las que hicimos daño ya no volverán a querer tener contacto con nosotros nunca más.

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Author

Estefanía Esteban es periodista y escritora de literatura infantil. Ha publicado el libro 'Cebricornio' con la editorial Babidibú.

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