Una fábula corta sobre por qué vemos antes los defectos de los demás

¿Alguna vez pensaste por qué los hombres tendemos a ver los defectos de los demás antes que los nuestros? ‘Las dos alforjas’ es una interesante fábula corta del poeta griego Hesíodo, anterior al conocido Esopo. Descubre aquí este maravilloso relato.

Por qué vemos antes los defectos de los demás: Las dos alforjas

Las dos alforjas, una fábula de Hesíodo para niños y adultos
Las dos alforjas, una fábula sobre por qué vemos antes los defectos de los demás

Hace mucho, el dios Prometeo, al moldear a los hombres, les dio dos alforjas: en una de ellas debía colocar los defectos ajenos y en la otra, los defectos propios.

Pero el hombre decidió colocar la alforja de los defectos ajenos delante y la de los defectos propios, detrás, a su espalda. De esta forma, nunca vería sus propios defectos y siempre tendría presentes los defectos ajenos.

Moraleja: “Los hombres tendemos a ver antes los defectos ajenos que los defectos propios”

Valores que puedes trabajar con la fábula ‘Las dos alforjas’

Puedes usar esta fábula corta de Hesíodo para reflexionar sobre:

– Los prejuicios.

– La humildad.

– El valor de la empatía.

Reflexiones sobre esta fábula corta de Hesíodo

Es cierto que tendemos a ver el grano en el ojo ajeno sin pararnos a mirar la viga que tenemos en el nuestro. Pero, ¿por qué sucede esto?:

‘Ojos que no ven’…: según esta interesante fábula, el hombre lleva dos alforjas colgadas, pero una de ellas la tiene delante y otra detrás, donde no puede verla. Lo cierto es que esta metáfora se confirma en la mayoría de los casos. Solemos darnos cuenta mucho antes de los errores de otros que de los nuestros. Como si nos costara ver nuestros defectos. Tal vez sea un instinto de supervivencia. Y es que ya lo dice el refrán… ‘ojos que no ven, corazón que no siente’.

¿Falta de humildad?: otros tal vez tiendan a ver esto como un defecto de humildad. Nos sentimos superiores y por eso vemos antes los errores ajenos… Tal vez debamos hacer una profunda reflexión cada vez que critiquemos a otros. Pararnos a pensar: ‘y yo, ¿cómo lo estoy haciendo?’. De esta forma podremos sacudirnos ese posible exceso de vanidad que hayamos acumulado.

Los dichosos prejuicios: junto con la vanidad, también deberíamos sacudirnos los prejuicios, esa capacidad que tenemos de sacar conclusiones de otros sin ninguna prueba racional, solo basándonos en intuiciones y sensaciones. Muchas veces estaremos en lo cierto, pero también podemos estar equivocados. Sin pruebas fiables, recuerda, todo son suposiciones.

Otras fábulas sobre la humildad y los prejuicios

Existen numerosas fábulas que tratan el tema de la humildad como un escudo necesario ante la vanidad y la soberbia. Sin que esta humildad, por supuesto, interfiera en nuestra autoestima. Aquí tienes algunos buenos ejemplos:

La brizna: ¡con qué facilidad veía la brizna el defecto de la hoja caída en otoño! Pero las cosas cambian cuando nos ponemos en la piel del otro… La empatía siempre es perfecta para deshacernos de grandes defectos.

La mariposa y el águila: ‘dime de qué presumes’… ya sabes el final de este fantástico refrán: ‘y te diré de qué careces’. Así le pasó al águila en esta fábula de Lorrin. Tuvo que callarse ante la humilde mariposa.

La rana en el pozo: ya lo hemos dicho antes, que aveces no vemos los defectos de otros (o sus virtudes) por puro desconocimiento. Y es esta ignorancia la que nos lleva a presumir de cosas realmente estúpidas. No te pierdas esta fábula china para entenderlo.