Fábula corta de Esopo con valores

Esta fábula, ‘El águila y los gallos’, es una fantástica fábula corta de Esopo que nos explica por qué la vanidad o prepotencia puede jugarnos una mala pasada. No dejes de leer la historia y sus reflexiones finales.

Una fábula corta sobre la vanidad: El águila y los gallos

El águila y los gallos, fábula corta sobre la vanidad
El águila y los gallos, una fábula de Esopo sobre la vanidad

Estaban dos gallos peleando por las gallinas. Uno decía ser el más fuerte y el otro aseguraba que era él. Ambos se enzarzaron en una tremenda riña y uno de ellos consiguió vencer.

El gallo vencido, avergonzado, se escondió tras un matorral, mientras que el vencedor, orgulloso, subió a lo alto del tejado para gritar:

– ¡Admirar al vencedor! ¡Soy el gallo más fuerte y me quedaré con todo el gallinero!

Pero entonces un águila, que pasaba por allí, se lanzó a por él en picado y se lo llevó bien lejos. Desde entonces, el gallo que se había escondido tras el matorral, se quedó con todo el gallinero.

Moraleja: «Quien tanto alardea de sus triunfos, no tarda en perder lo que ganó»

Qué valores transmite la fábula El águila y los gallos

Con esta fábula corta podrás reflexionar sobre estos temas:

– El valor de la humildad.

– Por qué pueden ser tan perjudiciales la soberbia y la vanidad.

Reflexiones sobre esta fábula corta de Esopo

Eso de presumir de nuestros propios triunfos… al final puede traer nefastas consecuencias:

‘Dime de qué presumes’… : ¿Conoces este dicho popular que tan bien retrata la moraleja de esta fábula? ‘Dime de qué presumes y te diré de qué careces’. Normalmente los que tanto alardean de sus logros es por falta de confianza en sí mismos o por envidias y celos hacia otros. Sin embargo, a los más presumidos no se les suele aceptar, y solo son alabados por aquellos que buscan un interés propio en ello.

El vanidoso gana poco y pierde mucho: en realidad, ¿a quién le gusta estar acompañado constantemente por un vanidoso, por alguien que no para de presumir de sus logros? El vanidoso, el presuntuoso y prepotente, termina solo y sin amigos. Aquellos que le acompañan en realidad son ‘amigos por conveniencia’, y toleran su vanidad porque piensan que pueden ‘sacar una buena tajada’ de ello.

El necesario valor de la humildad: si el gallo vencedor, en lugar de presumir de su victoria ante todo el gallinero, hubiera seguido con su día a día y su rutina, no hubiera tenido ese final. En realidad tuvo un merecido castigo a su soberbia y su falta de humildad. Igual que hay que saber perder, en la vida es muy importante saber ganar y no ‘fanfarronear’ de la victoria intentando humillar al vencido. Esta falta de tacto (falta de empatía también), al final termina pasando factura. Y eso a lo que muchos llaman ‘karma’ o ‘justicia divina’, llega (antes o después). La forma de evitarlo, cómo no, es precisamente con el valor de la humildad.

El reconocimiento llegará sin buscarlo: el mundo no necesita saber de tus logros. Basta con que tú mismo lo sepas. El objetivo principal de alcanzar una meta es la satisfacción personal, no que el mundo entero se rinda a tus pies. Lo segundo puede que llegue sin que tengas que gritarlo a los cuatro vientos. Además, recuerda que el triunfo no es eterno. Llegará otro que te lo arrebate. Así que no deberíamos presumir tanto de él.

Otros fascinantes fábulas cortas de Esopo

¿Te gustan las fábulas de Esopo? Todas estas nos transmiten fantásticas moralejas. Encontrarás la fábula y su explicación para niños y mayores:

Ratón de campo y ratón de ciudad: a veces debemos escoger entre dos opciones de vida. ¿Queremos tener lujos si no podemos disfrutar de ellos? ¿O preferimos una vida tranquila pero menos ostentosa? Fantástica fábula para recapacitar sobre todo esto.

La zorra y ñas uvas: la soberbia a veces nos insta a intentar engañarnos a nosotros mismos, pero esto es algo imposible, ¿no crees? No dejes de leer esta fantástica historia para entenderlo mejor.

La anciana y el médico: pensaba el médico avaricioso que podría engañar a la anciana ciega, pero al final ella le demostró que él era el ciego, y no ella. No te pierdas esta fantástica fábula sobre la codicia.