Un cuento infantil popular muy divertido y con valores

Aquí encontrarás una versión del popular cuento para niños ‘Sangalote’, un barrendero muy terco que al final recibió una buena lección. Y es que no siempre uno puede salirse con la suya… lo que venga hay que aceptarlo sin pedir a otros una solución transitoria que les perjudique a ellos. No te pierdas este divertido cuento infantil.

Un divertido cuento para niños sobre la terquedad: ‘Sangalote’

Un cuento infantil sobre la terquedad, Sangalote
‘Sangalote’, un divertido cuento infantil sobre la terquedad

Sangalote era un humilde barrendero. Humilde, pero muy terco. Sieempre quería salirse con la suya. Un día, barriendo y barriendo la calle, se encontró un billete.

– ¡Qué suerte la mía!- dijo en voz alta Sangalote – ¡¿Qué puedo comprarme? ¿Azúcar? No, que se acabará enseguida… ¿Queso? No, que se lo comerán las ratas… ¡Garbanzos! ¡Eso es! Me compraré garbanzos y los plantaré.

Y eso precisamente es lo que hizo Sangalote. Entonces, ya con el saco de garbanzos en la mano, buscó más trabajo y le preguntó a una mujer si podía barrer su calle.

– Sí, puedes hacerlo.

– ¿Y dónde dejo mis garbanzos?

– En el granero– dijo la mujer.

Eso hizo el bueno de Sangalote, que comenzó a barrer y a barrer hasta que dejó la calle bien limpia, pero cuando fue al granero a pos sus garbanzos. ¡Oh, sorpresa! El gallo se los había comido todos. Entonces, comenzó a discutir con la mujer:

– O el gallo o los garbanzos, o el gallo o los garbanzos.

Y era taaan terco, que salió de allí con el gallo bajo el brazo.

Lo que le pasó en otras calles

Después fue a otra calle y preguntó a otra mujer si podía barrer.

– Claro que sí- le dijo ella.

– ¿Y dónde dejo el gallo?

– En el establo.

Y después de barrer y barrer y dejar la calle bien limpia, cuando fue a buscar su gallo… ¡Oh, sorpresa! Como se había querido comer el grano del caballo, el animal le dio tal coz que lo había mandado bien lejos. Y claro, no se iba a ir de allí sin nada.

– O el caballo o el gallo. O el caballo o el gallo- comenzó a discutir con la mujer.

Y por supuesto, al final se salió con la suya, y Sangalote salió de allí con el caballo.

Se dirigió más tarde a otra calle, en donde también le dieron permiso para barrer.

– ¿Dónde dejo el caballo?

– En el establo puedes dejarlo- dijo ella.

Y es hizo el barrendero. Pero al regresar a por su caballo, resulta que un toro le había echado de allí. Podéis imaginar lo que pasó…

– O el toro o el caballo. O el toro o el caballo- insistía Sangalote.

Al final, claro, se salió con la suya.

Fue entonces a una casa en donde vivía una mujer con una hija muy, pero que muy traviesa, pero muy lista. Le dieron permiso para barrer, y Sangalote dejó el toro amarrado a un árbol. Pero mientras él barría, a la niña se le ocurrió llevar el toro a beber a la fuente. Y claro, el toro en cuanto se vio libre, salió corriendo. El barrendero, al ver que se había quedado sin toro, dijo:

– La niña o el toro, la niña o el toro… Y al final, salió de la casa con la niña.

Un buen merecido

Por último, llegó a una casa en donde también le dejaron barrer. Y él dejó la niña dentro de un gran saco en la despensa. Barrió y barrió y mientras, la niña, que era muy lista, llenó de ratas la bolsa y salió corriendo a su casa. Cuando Sangalote se fue de allí con el saco, pensando que llevaba a la niña, se sentó ya cansado bajo un árbol y comenzó a cantar:

De mi billete, mis garbanzos,

y de mis garbanzos, mi gallo,

pues, de mi gallo, mi caballo,

de mi caballito, mi toro,

y de mi toro, mi muchachita,

mi pan y queso y mi jaranita.

¡Sal niña hermosa!

Pero al abrir el saco… ¡¡Salieron de allí despavoridas todas las ratas!! El hombre comenzó a correr como loco. Le daban tanto miedo las ratas, que nunca más volvió a aquel lugar.

Qué podemos trabajar con este divertido cuento

Utiliza este cuento popular para hablar de:

La terquedad.

– Por qué no siempre podemos salirnos con la nuestra.

El ingenio o astucia para salir de los problemas.

Reflexiones sobre este cuento para los niños

Ay, pero qué tercos que podemos llegar a ser a veces, ¿verdad? Y normalmente, aunque nos sintamos orgullosos de ‘salirnos con la nuestra’, si en el fondo sabemos que no es justo, al final, las cosas no saldrán tan bien como esperábamos:

Asumamos nuestra responsabilidad: El barrendero había perdido sus garbanzos pero fue un accidente, y ningún otro tiene por qué ‘arreglar’ sus problemas. Debía haber aceptado su responsabilidad porque en el fondo, es él quien debía haber reparado en que no era un buen lugar para dejar sus garbanzos. Somos responsables de nuestros propios actos y por supuesto, de nuestras decisiones. Y era él quien debería haber asumido las consecuencias.

Más reflexiones sobre el cuento

Las cosas ponen todo en su lugar: es cuestión de ‘justicia’, que al final, a pesar de pedir a otros que fueran ‘remendando’ sus equivocaciones, no podía salirse finalmente ‘con la suya’. La terquedad puede darnos una aparente victoria, pero en realidad es una derrota ‘encubierta’. Al final puede que terminemos perdiendo.

La astucia, nuestro gran aliado: el otro personaje del que merece la pena hablar en esta divertida historia es la niña, que encontró la forma de escapar de las manos del barrendero y regresar triunfante a su casa. Lo hizo con inteligencia y dando de paso una buena lección al terco barrendero.

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