Este relato de amor, ‘Sandro y Annalisa’, está basado en una historia real que sucedió en plena pandemia del coronavirus en Roma, Italia. Una historia que también tiene que ver con la música y lo que ésta puede llegar a hacer por nosotros. No te pierdas este relato que por cierto, fue muy comentado en Italia durante mucho tiempo.

El precioso relato de amor de Sandro y Annalisa, basado en una historia real

Un relato de amor basado en una historia real: Sandro y Annalisa
‘Sandro y Annalisa’, un relato de amor en tiempos de coronavirus

Sandro no paraba de darle vueltas en su cabeza a la idea de cómo poder colarse en el hospital para poder ver a su querida Annalisa, y que ella supiera que la tenía siempre en su pensamiento, día y noche, que no podría vivir sin ella, y que rezaba mucho por su curación.

Sus hijos se lo habían dicho montones de veces, que era imposible, con la Covid, las normas eran muy estrictas, por mucho que insistiera, no lo conseguiría. Pero aún así, lo había intentado: llamó a su amigo Francesco, cirujano ya jubilado pero con buenísimos contactos, y él también le dijo lo mismo, indagó a través de una sobrina enfermera, pensando que quizá ella sabría algún truco para “colarle” por la puerta de sanitarios, sin obtener resultado.

Todos le decían que era totalmente imposible. La pandemia estaba en uno de sus momentos más álgidos, y tenían que tener un control férreo.

Pero él sabía cuánto estaría sufriendo, y el no poder cojerla la mano, dedicarle sus miradas…le partía por dentro. Estaba seguro de que, si pudiera verle, ella tendría más fuerzas para luchar, porque siempre habían estado muy unidos, y habían enfrentado juntos las adversidades. Por eso se sentía tan impotente, por eso sentía llorar a su corazón.

El encuentro de Sandro y Annalisa

Mientras paseaba por su rincón preferido de Roma, por donde habían paseado tantas y tantas veces cogidos de la mano, comenzó a recordar… Aquel día en que la descubrió por vez primera, iba con unas amigas por el ponte de Sant Àngelo. Lo primero que llamó su atención, fue su risa cristalina, y cuando se acercó para verla mejor, descubrió los más grandes y hermosos ojos que nunca hubiera imaginado. Ella se quedó sorprendida, y con un gesto tímido se agarró del brazo de una de sus amigas. Sandro no se arredró, y junto al amigo con el que iba, las siguieron, dando de vez en cuando silbidos de admiración. Ellas se ruborizaban, pero no dejaban de reír.

Hasta que una de las chicas, que parecía la más descarada, les espetó:

– Vosotros no sois capitalinos, ¿verdad?, que parecéis unos catetos del sur. Y se rió de nuevo.

Pero a Sandro no le pasó desapercibido que, Annalisa se volvió para recriminar a su amiga, y la escuchó decirla que no estaba bien avergonzar a nadie por su procedencia.

Él al escucharlo, se sintió aún más atraído hacía ella. Además de guapa, era educada, y sensible, una verdadera joya. Y se propuso conquistarla.

– Excussi signorinas, somos napolitanos, certo, ma non “bifolco”- con lo cual aclaraban su procedencia, pero también que no eran unos paletos. Si les permitían acompañarlas en el paseo, se lo demostrarían.

El comienzo de una historia en común

Y aquella soleada tarde de primavera, comenzaron a conocerse. Ellas comprobaron que aunque del sur, eran correctos y simpáticos, que buscaban trabajo, para compaginarlo con sus estudios de música, porque ellos eran músicos y querían formar un conjunto de música moderna.

Eso a las chicas les gustó, y accedieron a quedar en verse de nuevo la siguiente jornada. Les enseñarían distintos lugares de Roma, no sólo los que visitan los turistas, sino también lugares secretos, que solo conocían los romanos.

Y después de aquella segunda tarde, llegaron muchas más, paseos interminables, confidencias, afinidades….

Hasta que un día, al escucharla cantar, Sandro tuvo la feliz  idea de proponerle ser la vocalista del conjunto, y ella se sorprendió, pero luego aceptó.

Y así comenzó su historia de amor. Ensayando hasta poner a su gusto versiones de otros grupos, e incluso  alguna de su propia cosecha. Recorrieron toda la “bota” de Italia, desde el norte hasta la punta. Fueron afianzando su cariño, y al cabo de unos años, se casaron.

Muchos más recuerdos…

Y llegaron los hijos, y hubo que buscar otros trabajos, pero para Sandro y Annalisa, nada suponía un obstáculo insalvable. Las actualizaciones se tuvieron que espaciar, pero de vez en cuando, les llamaban de alguna emisora de radio, y recordaban sus éxitos.

Fueron pasando los años, los hijos crecieron y se independizaron, y ellos ya con más tiempo, se dedicaron a actuar para fines benéficos. Disfrutaron a tope de aquella etapa que les regalaba la vida.

Sin embargo, un zarpazo dio al traste con sus renovadas ilusiones: Pietrucho, el más joven del grupo, el que tocaba el violín, enfermó y le detectaron un tumor, el pobre duró poco. Y ya no tuvieron ganas de volver.

Sandro de pronto, tuvo una idea, estaba parado justo delante de una tienda de instrumentos musicales, y posando su mirada sobre un acordeón, su instrumento preferido, se le ocurrió la mejor manera de poder animar a su mujer, ingresada por Covid, y al tiempo que a ella, a otros muchos enfermos, a los que nadie podía visitar. 

¡Cómo no se le había ocurrido antes! Avisaría a su sobrina, para que la pusiera cerca de la ventana, donde le pudiera escuchar.

Y silbando la canción que les unía en el recuerdo, con las manos en los bolsillos, y una sonrisa en la cara, se encaminó hacia su casa. Tenía que preparar el plan.

La sorpresa de Annalisa

Al día siguiente, una sorprendida Annalisa, fue trasladada de habitación, y colocada cerquita de una gran ventana, por la que se colaba el sol, la cual dejaron abierta.

A las doce del mediodía, en el hospital Santo Spiritu, en Sassia, se empezaron a escuchar las notas que salían del vientre de un acordeón. ¿Qué era aquello?

Annalisa enseguida la reconoció: eran las notas de la ‘piccolissima serenata’. Su corazón saltó de alegría al escucharlas. Y después, “Dio, como ti amo” de Modugno, ‘Sapore di sale”, y muchos éxitos más.

Hasta médicos y enfermeras se asomaban a las ventanas, para aplaudir al viejito del acordeón. 

Se despidió tocando “La vida es bella”, y prometiendo volver.

Annalisa lloraba por la emoción, y curiosamente, esa tarde, los médicos observaron en ella una importante mejoría.

Al siguiente día, cuando Sandro llegó al Spirito Santo, una formación de cámaras de televisión le estaba esperando, y … Comenzó el concierto.

No tardó en recorrer la noticia el mundo entero, un italiano de cerca de ochenta años, iba cada mañana, con su acordeón, al hospital más importante de Roma, para animar y alegrar a los enfermos.

(Relato escrito por María Luisa López)

Un relato de amor basado en esta historia real

Este relato de amor está basado en una historia real, sobre un anciano que acudía cada día a tocar el acordeón frente a la ventana del hospital Castel San Giovanni, donde se encontraba ingresada su mujer (aunque en la historia real, era por unas pruebas ante un posible tumor). Él se llama Stefano Bozzini y tiene 81 años. Su esposa, con la que lleva 47 años casado, se llama Carla Sacchi. Era la primera vez en 47 años de casados que se separaban. ¿Quieres escuchar cómo suena su acordeón?:

Reflexiones sobre el relato de Sandro y Annalisa

Esta preciosa historia de Sandro y Annalisa (o Stefano y Carla) nos recuerda:

El amor puede ser eterno: a pesar de los años, Sandro sentía el mismo amor por Annalisa que el primer día. Y quiso demostrárselo recordando aquellas canciones que le unió durante su juventud y que en realidad formaron la ‘banda sonora’ de su vida.

La capacidad curativa de la música: se habla mucho de la musicoterapia y está demostrado, científicamente, que la música tiene un gran poder curativo sobre determinadas enfermedades. La razón es que genera endorfinas, tan necesarias para afrontar una etapa difícil con optimismo y sacar ‘fuerzas de flaquezas’. La música se utiliza, por ejemplo, con enfermos de alzheimer, ya que se ha demostrado que es capaz de ‘activar’ y ‘recuperar’ la memoria, activando una zona del cerebro relacionada con nuestras experiencias sensoriales.

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María Luisa López Sánchez
María Luisa López Sánchez
Madre de familia y abuela. Apasionada de la literatura y escritora.

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