Cuento con valores sobre la avaricia y las imprudencias

Este sorprendente cuento que nos llega de la tradición noruega, ‘Por qué el mar es salado’, es un cuento infantil repleto de valores realmente maravilloso. Original, divertido y con una gran enseñanza sobre la importancia de no tomar decisiones guiados por emociones como la avaricia. Descubre tanto el cuento como sus reflexiones finales.

Un cuento infantil con valores: Por qué el mar es salado

El cuento noruego Por qué el mar es salado
‘Por qué el mar es salado’, un cuento noruego para niños. (Ilustración de Laura Ruiz)

Érase una vez dos hermanos, uno pobre y otro rico. El pobre era muy bondadoso, mientras que el hermano rico era bastante avaricioso y un tanto tacaño. Aún así, a veces no se veía en otra que ayudar a su hermano, que vivía en una humilde casa y apenas tenía nada para comer junto con su mujer.

Era la víspera de Navidad, y el hermano pobre no tenía ni un trozo de pan para cenar en Nochebuena, así que fue a casa de su hermano rico:

– ¿Podrías darme algo de comer para esta noche, hermano? No tenemos nada y es Navidad…

El hermano mayor, refunfuñó:

– ¡Me tienes harto, siempre pidiendo! Te daré un trozo de tocino si te vas al infierno.

– ¿Al infierno?

– ¿Eso mismo digo!

– De acuerdo… – dijo el hermano pobre, pensando que efectivamente la condición a su comida era ir al infierno.

El hermano mayor le dio dos trozos de tocino y el hermano pequeño comenzó a andar y andar sin parar, en busca del infierno.

– ¿Dónde estará?- dijo algo compungido.

Llegó la tarde y comenzó a oscurecer. Al fondo de una calle sombría, vio a un anciano que se calentaba con unos trozos de madera a los que había prendido fuego. El hombre, al verle, preguntó:

– ¿Qué hace usted por aquí? ¿Qué busca?

– Oh, perdón, no sé muy bien dónde encontrar el infierno…

El anciano se rió y dijo:

– ¡Pues estás al lado, amigo! ¿Ves esa puerta roja de la pared? Allí dentro está el infierno. Pero ten cuidado. Cuando entres, van a querer tus trozos de tocino, que tienen muy buena pinta. No se los des… al menos que te den el molinillo que verás junto a una pared.

Por qué el mar es salado: el molinillo del infierno

El joven se quedó pensativo y asintió. ¿Para qué quería él un molinillo? Aún así, creyó al anciano. Abrió la puerta y efectivamente, accedió al infierno. Hacía calor y las paredes estaban repletas de humedad. En seguida aparecieron unos pequeños diablillos rojos que no paraban de saltar y gritar.

– ¡Danos el tocino! ¡Danos el tocino!

Entonces, recordó lo que había dicho el anciano y dijo:

– Os lo daré a cambio del molinillo.

Y diciendo esto, señaló un pequeño molinillo que se veía sobre la repisa de una pared. Los diablillos accedieron y el joven salió de allí con el molinillo bajo el brazo. Al verlo, el anciano le dijo:

– Fantástico. Te enseñaré a usarlo. Con él podrás fabricar todo lo que desees, pero debes tener mucho cuidado, porque solo parará con unas palabras mágicas…

El anciano le explicó cómo manejar el molinillo, y el hermano pequeño, llegó muy contento a su casa. Comenzó a crear un pavo, ensaladas, hasta un lujoso mantel de Navidad y cubiertos de plata. El joven hacía girar el molinillo y decía:

– Muele pavo con manzana, pavo con manzana…

Y el pavo aparecía en la mesa.

– Muele sopa de marisco, sopa de marisco…

Y ya tenían sopa. Siempre agregaba unas palabras muy extrañas al final:

– TrasquiCrastriTrun (para parar el molinillo).

La mujer, al ver aquello, apenas podía creerlo, y el joven le explicó todo lo que había sucedido. Estaba tan contento, que decidió invitar a su hermano mayor como agradecimiento el día de Navidad.

La invitación al hermano rico

– ¿A tu casa? ¿Y a qué nos invitarás, hermanito? ¿A un trocito de tocino?

– No, de verdad, venid y lo veréis.

El hermano mayor fue a su casa junto a su mujer y al ver aquello sintió una terrible envidia.

– ¿De dónde sacaste todo esto?

El hermano pequeño le contó su historia, y mostró todo lo que era capaz de moler aquel molinillo. Y el hermano mayor, que era muy codicioso, pensó en la cantidad de carne y alimentos que podría moler… ¡y sin trabajar!

Le llevó algo de tiempo, pero al final consiguió convencer a su hermano para hacerse con el molinillo, recordándole las veces que él le había ayudado, aunque fuera con poco. Le pagó mil monedas de oro a cambio, toda una fortuna. Pero al final, lo consiguió. Eso sí, su hermano pequeño no le explicó cómo funcionaba, así que cuando el hermano mayor fue a su casa a probarlo, sucedió lo siguiente:

Su mujer estaba en el campo con el trigo y él pensó, ‘¿qué preparo para comer?… ¡ya lo tengo! ¡Sopa de arenques!’.

Efectivamente, la sopa de arenques era una comida de ricos, y su mujer se pondría muy contenta al verlo. Entonces comenzó a dar vueltas al molinillo mientras decía:

– Muele sopa de arenques, sopa de arenques…

Y de pronto comenzó a salir sopa con arenques del molinillo. Mucha sopa y muchos arenques. Y más sopa y más arenques.

– Vale, ya está bien- dijo el joven un tanto contrariado, porque la sopa ya se estaba saliendo de la cacerola. Pero la sopa con arenques siguió saliendo, más y más, sin detenerse. Se desbordó la cacerola, comenzó a inundar la habitación, luego la casa… y empezó a salir por la calle.

La gente corría asustada al ver aquello. Las calles empezaban a llenarse de sopa con arenques por todas partes. Y el hermano mayor, asustado, llegó como pudo a casa de su hermano pequeño.

– ¡Por favor, haz que se detenga esto! ¡No lo quiero ya, mira lo que está organizando!

El hermano pequeño dijo en bajo sus palabras mágicas:

– TrasquiCrastriTrun.

Entonces todo se detuvo.

– ¡Esa cosa está endemoniada!- dijo el hermano mayor- ¡Quédatela!

Y así es cómo volvió el molinillo a manos del hermano menor.

Por qué el mar es salado…

Pero aquella historia comenzó a contarse por todas partes. Traspasó las fronteras y en muchos lugares ya se sabía que existía un molinillo capaz de fabricar cualquier cosa.

La historia llegó a oídos de un comerciante marinero que viajaba a por sal al otro lado del océano y luego lo vendía bien caro. Por entonces, el mar era de agua dulce, y la sal se conseguía de unas minas muy lejanas.

– Si consiguiera ese molinillo, no tendría que viajar tanto- pensó el hombre.

Así que fue en busca del hermano menor y le ofreció una suma de dinero millonaria por el molinillo. El joven accedió, ya que en realidad tenía todo lo que quería y no aspiraba a ser rico. El marinero volvió a su barco muy contento, se adentró en el mar y dijo:

– Ahora sí, esta es la mía. No necesito irme más lejos, fabricaré mi propia sal y la venderé al mismo precio. ¡Me haré rico en nada de tiempo!

Y el hombre comenzó a mover la manivela del molinillo:

– Muele sal, mucha sal… – decía entre risas el hombre.

Y la sal comenzó a manar con fuerza por el molinillo. En nada, tenía el marinero una montaña de sal sobre la popa. Pero la sal no dejaba de salir y el barco se llenó por completo de sal. Los grumetes saltaron al agua asustados. El barco naufragó con el marinero. ¡No había manera de parar aquello! Y el molinillo se hundió con el barco.

Desde entonces, el mar es salado, porque el molinillo aún hoy continúa fabricando sal.

Qué valores puedes trabajar con el cuento Por qué el mar es salado

Este fantástico cuento noruego nos habla de todos estos temas:

– A dónde nos lleva la codicia.

– Las recompensas a la humildad.

– Por qué es necesaria la prudencia.

– Qué pasa cuando nos dejamos llevar por las emociones.

Reflexiones sobre este cuento para niños de origen Noruego

Cuidado con lo que posees. Si no sabes utilizarlo, puede volverse en tu contra…

Todo hay que usarlo con prudencia: sin duda, la prudencia es ese sentido que debería acompañarnos a todas partes como si fuera nuestra sombra. Antes de lanzarnos y dejarnos guiar por nuestros impulsos, debemos razonar y pensar en las consecuencias de nuestras decisiones. El hermano pobre supo escuchar y atender a los consejos de un anciano, pero el hermano rico, guiado por su sed de avaricia, no preguntó ni se interesó en saber cómo funcionaba el molinillo. Las consecuencias fueron desastrosas.

La avaricia rompe el saco: tanto quería el hermano rico, que al final su codicia le llevó a un buen problema. El hermano pobre, sin embargo, supo mantenerse al margen de la codicia y desde la humildad, supo utilizar con cabeza el molinillo. Hasta fue capaz de deshacerse de él en dos ocasiones, consciente del arma tan peligrosa que tenía entre las manos.

Más reflexiones sobre este cuento

Una explicación ingeniosa: el final de esta historia es original, sin duda. Pudiera parecer una leyenda, algo que explica por qué el mar tiene sal y esta sal nunca se termina. Este cuento noruego acaba de esta manera para recordarnos siempre, a todas las generaciones, que midamos muy bien nuestros actos y pensemos en sus consecuencias antes de tomar una decisión.

Así, cada vez que te sientas tentado a hacer algo importante, pensarás en la sal del mar, en ese molinillo que sigue funcionando en algún profundo punto del océano, y dirás: – “¿qué consecuencias puede tener esto que me propongo hacer?”. Una buena forma de reflexionar acerca de la importancia de no dejarnos llevar por las emociones.

Una lección de Navidad: este cuento está enmarcado en una fecha particular… ¡la Navidad! Un símbolo de una fiesta que nos recuerda tantísimos valores esenciales. Entre ellos, el de la caridad (el hermano rico solo le dio unos trozos de tocino a su hermano en plena Navidad, un gesto poco caritativo por su parte) y el de la humildad (el hermano pobre se paró a hablar y a escuchar con atención al anciano de la calle). Un buen cuento, por supuesto, para leer en familia durante estas entrañables fechas.

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