Los piojos de la princesa. Un divertido cuento suizo para niños

Este divertido cuento, ‘Los piojos de la princesa’, procede de Suiza, aunque es anónimo, y seguramente provenga de algún cuento popular de este país. Trata, entre otros temas, acerca de la necesidad de que los niños jueguen entre ellos, independientemente de la clase y condición. Pero también de la amistad, de la inocencia de los niños… ¡ y de la terquedad! No te pierdas el relato y las reflexiones finales.

TIEMPO DE LECTURA: 4 MINUTOS

El divertido cuento de Los piojos de la princesa

Los piojos de la princesa, un divertido cuento para niños
El cuento de ‘Los piojos de la princesa’

Vivía en un reino lejano una princesita sin hermanos. La pobre, al estar sola, no podía jugar con ningún otro niño, porque a las princesas solo les estaba permitido jugar con otros príncipes y princesas. Y en ese reino, no había más princesa que ella.

Los papás de la princesita, los reyes, intentaban distraerla contratando muchas doncellas. Pero la pequeña siempre estaba triste. Ellas no entendían sus juegos…

Sucedió que un día la doncella que estaba en el jardín con la princesa, se quedó dormida, profundamente dormida. Y entonces, la niña comenzó a escuchar unas encantadoras risas infantiles al otro lado del muro del palacio.

Sabía que la puerta de ese muro estaba custodiada por un soldado, pero ese día la fortuna estaba de su lado, y el soldado también se había dormido. Así que la princesita salió a la calle, y vio a un niño y a una niña de su edad sentados en el bordillo. Jugaban con unos barquitos de papel, que arrojaban a un remolino de agua que se había formado con la última lluvia. Con sus pies descalzos, intentaban cambiar el rumbo de los barquitos.

– ¿Puedo jugar?- preguntó ilusionada la princesita.

– Bueno- dijo el niño.

– ¡Claro que sí!- dijo la niña.

La princesa se sentó junto a la niña y le dejaron barquitos para que pudiera lanzarlos al agua. ¡Jamás lo había pasado tan bien! Comenzó a reír y después a abrazar a su nueva amiga de pura ilusión. Aunque no duró mucho… apenas media hora. Todo acabó justo cuando se oyó este grito desde el palacio:

– ¡Princesaaaa!

– Vaya, tengo que irme. Si no, se enfadarán- dijo la pequeña. Y abrazó una vez más a sus nuevos amigos para despedirse de ellos.

La princesa volvió al jardín, y la doncella casi se desmaya al verla:

– ¡Qué sucia estás! ¿Has jugado con los niños de la calle? ¡Hay que quemar las ropas! ¡Y bañarte ahora mismo!

Los piojos de la princesa: el nuevo ‘amiguito’

La princesa tuvo que bañarse y ya cuando la estaban peinando, la doncella dio un grito de espanto.

– ¡Aaaaah!

– ¿Qué pasa?- dijo otra de las sirvientas.

– ¡Mira lo que encontré en la cabeza de la princesa!

Y colocó un pequeño bichito negro sobre una bandeja de oro.

– ¡Qué espanto! ¡Qué horror! ¡Es un piojo!

– Dame eso- dijo entonces la princesa- ¡Es mío!

– De eso nada. Ahora mismo vamos a decírselo a tu padre- respondió su cuidadora.

La doncella llevó a la princesa y la bandeja de oro con el piojo a la sala del trono.

– Papá, quieren quitarme el regalo de mi amiga- protestó la princesa.

El rey se rió y dijo:

– Pero hija, este bichito corretea por la cabeza….

– ¡Yo quiero que corretee por mi cabeza!

– ¡Y muerde!

– Pues que me muerda. También muerde a mi amiga.

El rey mandó que echaran al fuego al piojo, y la princesa entristeció tanto, que dejó de hablar. El rey mandó entonces al orfebre que hiciera un piojo de oro, con sus patitas y todo. La niña se ilusionó al verlo, pero luego dijo:

– ¡Pero no puede andar!

Entonces, el rey mandó al orfebre que mejorara el piojo para que pudiera andar. Y tras muchos días de trabajo, el orfebre entregó al rey un pequeño piojo de oro capaz de mover sus seis patitas. La princesa lo puso sobre su cabeza y éste comenzó a hacerle cosquillas.

– ¡Qué divertido!- gritó la princesa.

Y el rey ordenó al orfebre hacer cien piojos más como ese. Al principio la princesa estaba contenta, pero al cabo de un tiempo, dejó de jugar con los pequeños bichitos de oro y dijo:

– ¡No muerden! ¡Los de mi amiga sí mordían!

– Ah, eso sí que no, pequeña- le dijo el rey- Nada de piojos de oro mordedores.

La princesa, enfadada, buscó la caja con sus piojos de oro y los lanzó con furia más allá del muro del jardín. Justo en ese lugar jugaban sus amigos. Al ver los pequeños bichitos de oro, los recogieron y se los enseñaron a sus padres, quienes en seguida se dieron cuenta de lo valiosos que podían ser. De oro… ¡ y podían moverse!

Decidieron ir a otra ciudad, en donde comenzaron a mostrar los piojos de oro para ganar algo de dinero. Pero un día, un noble se encaprichó de ellos y los compró por una enorme suma de dinero.

La familia de los amigos de la princesa por fin pudo comprarse una casa, muebles, y un peine muy fino con el que la madre de los pequeños consiguió deshacerse de todos los piojos de verdad.

Los niños ya no tuvieron que rascarse. Y la princesa… bueno, la princesa seguía lamentando que el orfebre no hubiera podido fabricar un piojo de oro que pudiera andar y morder. Sí, así de tercas son las princesas.

Qué temas puedes trabajar con ‘Los piojos de la princesa’

Utiliza este cuento suizo de ‘Los piojos de la princesa’ para trabajar con los niños:

  • La amistad.
  • El valor de la gratitud.
  • La terquedad.
  • El valor de la empatía.

Reflexiones sobre el cuento ‘Los piojos de la princesa’

Los niños ven las cosas diferentes, ¿verdad? Un piojo puede ser algo valioso si viene de tu mejor amiga… En este divertido cuento, la princesa pensó que el piojo era el mejor de los regalos, porque le recordaba a los niños con los que al fin pudo jugar de verdad:

  • Los niños necesitan jugar con otros niños: Ni con todos los juguetes del mundo, un niño podía ser feliz sin tener contacto con otros niños. En ‘Los piojos de la princesa’, la pequeña princesita era infeliz, porque no tenía amigos con los que jugar. Por eso, al conocer a dos niños y al divertirse a su lado, sintió que aquello era un regalo divino que no quería perder. Y ese piojo que después descubrieron en su cabeza, para ella era un recuerdo de su nueva amiga.
  • Lo que hace la amistad: El valor de la amistad hace que ‘embellezcamos’ todo lo que viene de nuestro amigo. Tanto es así, que en ‘Los piojos de la princesa’, hasta el horrible piojo de la niña pobre, a la princesa le parecía divertido. Estaba dispuesta a aguantar sus picotazos con tal de sentir lo mismo que sentía su amiga. La empatía le llevó a querer ser como ella para poder sentir también su felicidad.

«Los niños necesitan jugar con otros niños y crear lazos de amistad. No hay juguete que pueda sustituirlo»

(Reflexiones de ‘Los piojos de la princesa’)

Dos reflexiones más sobre ‘Los piojos de la princesa’

  • Los niños son niños: Si te das cuenta, en ‘Los piojos de la princesa’, los niños pobres juegan con la princesa sin hacer ningún tipo de distinción. Igual que ella, que ve a los niños descalzos como lo que son: niños, y no como pobres. Así debería ser. Solo los mayores hacemos ese tipo de distinciones por clase social o económica. Los niños son más tolerantes, y este cuento de Los piojos de la princesa es una gran lección al respecto.
  • La terquedad de la princesa: Es normal que en ‘Los piojos de la princesa’, ella no supiera qué era ese bichito, pues nunca había tenido piojos. Pero una vez que le explicaron que era un insecto que podía morder, ella siguió insistiendo en que lo quería para sí. Ya era por terquedad. Por mucho que entendiera que el piojo podía causarle picor y dolor, ella no abandonó su capricho. La terquedad hace que seamos incapaces de ver más allá de nuestros deseos.

«A veces la terquedad nos impide ver la realidad tal y como es»

(Reflexiones de ‘Los piojos de la princesa’)

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Estefania Esteban
Estefania Esteban
Periodista y escritora de literatura infantil.

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