Las castañas. Cuento de Navidad con valores sobre los Reyes Magos

Descubre este bello cuento de Navidad para niños, ‘Las castañas’, un relato escrito por el periodista español Teodoro Baró y Sureda a finales del siglo XIX y que forma parte de sus ‘Cuentos del hogar’. En él, se ensalzan valores como el de la caridad, la generosidad o la sinceridad. Y está ambientado en vísperas de la llegada de los Reyes Magos. Los protagonistas son dos hermanos muy diferentes…

El cuento de Navidad ‘Las castañas’, para leer con los niños

Las castañas, un cuento de Navidad para niños
‘Las castañas’, un cuento de Navidad para niños

Era víspera de Reyes y la familia de Juan Hurtado se reunió junto a la chimenea para comer castañas. Allí estaba Juan, un campesino de unos cincuenta años, cuyo objetivo en la vida era simplemente hacer feliz a su familia, junto con su mujer Concepción y sus dos hijos: Perico, de doce años, y Pablito, de diez.

Los cuatro, junto con Chelín, el perro de la familia, contemplaban el chisporrotear del fuego entre los leños, mientras escuchaban el ‘pum-pum’ de las castañas que indicaban que al fin podían comerlas.

Chelín estaba medio dormido. De vez en cuando se limpiaba la ceniza del hocico con una pata, y de nuevo cerraba los ojos.

Afuera nevaba y había una gran ventisca. El viento entraba con un enorme zumbido por el cañón de la chimenea, pero los niños estaban más pendientes de las castañas. Aunque lo que deseaban realmente era que pasara rápido la noche y llegara el día y con él, los regalos de los Reyes Magos.

Los dos habían colocado con esmero sus pequeños zapatos junto a la chimenea. Perico soñaba con un caballo de madera, con largas crines y un enganche para poder acoplar un carro. No deseaba más, porque sabía que era mejor ser moderado para no llevarse luego desengaños… Y su hermano Pablito había pedido dos bueyes de cartón y una carreta, y una pistola de las que lanzan bolitas de papel y alguna que otra cosa más.

Las castañas: Perico y Pablito

Perico se daba por satisfecho con el caballo y el carrito, porque era consciente de que los Reyes Magos son consecuentes según el comportamiento de cada niño durante ese año, y Perico, aunque estaba orgulloso, no olvidaba alguna que otra vez que terminó desobedeciendo a su madre.

Pablito, sin embargo, a pesar de que era perezoso y muy testarudo, pensaba que su comportamiento había sido ejemplar. Y que por supuesto, había sido mucho mejor que el de su hermano (a pesar de que sus padres ese año no habían parado de disgustarse por su culpa).

Los dos hermanos eran compasivos, pero a Perico no le costaba compartir con otros lo que tenía, mientras que Pablito… digamos que el egoísmo no le dejaba ser todo lo caritativo que quería…

De pronto escucharon las campanas de la iglesia. Sus sonidos sonaban lejos, pero aún así su padre pudo contar las campanadas:

– Son las nueve, hijos, es hora de ir a la cama.

Ocho castañas sobraron, y Perico y Pablito se las repartieron antes de ir a la cama. Pero justo cuando todos subían las escaleras, se oyeron tres golpes en la puerta:

– Pam, pam, pam.

– ¿Quién será a estas horas?- preguntó Juan extrañado mientras se acercaba a la puerta.

Los niños le siguieron con curiosidad. Al abrir la puerta, apareció ante ellos un anciano envuelto en varias capas de ropa. A los niños les pareció que brillaba, pero luego se fijaron que era por la nieve.

– Por favor, ¿podría guarecerme un rato aquí? Me sorprendió la nevada y tengo mucho frío…

– Por supuesto, pase, buen hombre- dijo entonces Juan.

El misterioso anciano y las castañas

El anciano caminaba apoyado en un bastón, a pesar de parecer fuerte. Cuando se quitó la capucha, los niños miraron asombrados su largo cabello blanco, sus espesas cejas y su larguísima barba, también blanca como la nieve.

El anciano entonces se sentó junto a la chimenea, y mirando a los niños, les preguntó:

– Y vosotros… ¿sois buenos?

– Sí señor- respondió rápido Pablito.

– Bueno… no siempre- dijo Perico.

El anciano sonrió y a Perico le pareció la sonrisa más hermosa que había visto nunca.

– ¿De dónde viene?- preguntó entonces Juan.

– De donde nace el sol…

– ¿Y hacia dónde va?

– Recorro el mundo. A pie… Nunca me canso.

– ¡Te habrás perdido muchas veces!- exclamó Juan.

– No, nunca… Tengo una estrella como guía.

– ¡Me encantaría recorrer el mundo!- dijo Perico.

– Tú aún eres pequeño… Tu mundo debe estar aquí, junto a tu familia… – respondió el anciano.

– Tendrá usted hambre- insinuó Juan.

– Un poco sí, la verdad…

– ¡Pues yo tengo cuatro castañas! ¡Tómelas, están muy buenas!- dijo entusiasmado Perico mostrando al anciano las cuatro castañas que se había guardado en el bolsillo.

El hombre las aceptó de buen gusto, y una vez que se terminó todas, dijo mirando a Pablito:

– La verdad es que comería un poco más…

Pablito agachó la cabeza y murmuró:

– Bueno… yo tengo una…

Y sacó una de las cuatro castañas que tenía en su bolsillo.

– No parece que me la des con muy buen gusto- dijo el anciano.

– Es que… no tengo más.

– ¿Seguro? Mira que no está nada bien mentir… – dijo el anciano.

El niño, muy enfadado, se guardó la castaña y se fue a un rincón. Y en ese momento llegó Concepción con unos cuantos platos.

Las sorpresas de las castañas

El anciano comió muy agradecido y después se volvió a poner la capucha, tomó su bastón y se despidió de todos.

– Dios os pague tanta hospitalidad- dijo.

– ¿De verdad te vas a ir con el frío que hace?- preguntó Perico- Puedes dormir en mi cama. Yo dormiré con mi hermano

El anciano le acarició el rostro y se despidió agradeciéndole su ofrecimiento. Y todos menos Pablito, que seguía en un rincón muy enfadado, pegaron la cara en el cristal de la ventana, para ver cómo se alejaba aquel anciano. Caminaba muy deprisa sobre la blanda nieve, y en nada de tiempo le perdieron de vista.

Los niños subieron entonces a sus cuartos. Perico estaba feliz por haber podido ayudar al anciano las castañas. Pablito por su parte, metió la mano en el bolsillo y al comprobar que ahí estaban sus cuatro castañas, y resopló aliviado.

Los dos niños cerraron los ojos, y soñaron que de sus pequeños zapatos salían montones de caballos de madera, bueyes de cartón y una infinidad de juguetes más.

Al amanecer, los dos niños bajaron corriendo las escaleras. Pero en sus zapatos, solo encontraron cuatro castañas.

Perico vio que en la cáscara de las suyas ponía ‘Modestia’. Abrió una y de pronto saltaron dos pequeños caballitos, que fueron creciendo más y más hasta alcanzar el tamaño de unos perros. Eran de carne y hueso, y comenzaron a hacer miles de divertidas cabriolas.

Las castañas de Pablito

Su hermano Pablito, muerto de celos, miró sus castañas y abrió una. En ella solo encontró un papel donde ponía ‘Testarudo’.

Perico abrió otra castaña y de ella salió el carro que tanto deseaba. Al principio muy pequeño, y poco a poco más y más grande. De la tercera castaña salieron muchos más juguetes, y de la última, un puñado de castañas tan grandes como melones, y una nota donde ponía ‘Caritativo’.

Perico estaba muy contento, y al darse la vuelta para ver qué tal estaba su hermano, le encontró llorando a lágrima viva. Todas sus castañas estaban vacías, y la última tenía un papel donde ponía ‘Mentiroso’.

– No llores, Pablito. Yo he recibido muchos juguetes, te daré la mitad- le dijo su hermano.

– No, no los merezco… El hombre que vino ayer seguro que le contó todo a los Reyes Magos.

Pronto se enteraron de que en realidad, ese anciano era uno de los criados de los Reyes Magos. El guardabosques se lo contó a Juan:

– Todos los años se acerca hasta el pueblo y mira por las ventanas. Es para saber cómo se han portado los niños…

Ese año, Pablito aprendió la lección, y desde ese día cambió por completo. Dejó de ser tan egoísta y testarudo. Y al año siguiente, sus zapatos estaban llenos de juguetes. No volvieron a ver a aquel anciano, pero estaban seguros de que en algún momento se había acercado a mirar por la ventana…

Qué temas puedes trabajar con el cuento ‘Las castañas’

Utiliza este precioso cuento de Navidad, ‘Las castañas’, para hablar con los niños de:

  • El valor de la caridad.
  • La generosidad.
  • Qué es el rencor.
  • La sinceridad.
  • Las recompensas a la bondad.

Reflexiones sobre el cuento de Las castañas

Algunos lo llaman karma. Sea como sea, la bondad, la generosidad y la caridad, generalmente son valores que obtienen recompensas. En ‘Las castañas’, uno de los niños era bondadoso y obtuvo sus regalos, mientras que el otro no recibió recompensas, al no cuidar estos valores esenciales:

  • Quien más da, más recibe: La generosidad y la caridad generan a su vez gratitud. Todo lo que se da, al final llega de vuelta. El amor, por ejemplo, genera amor. Son valores que se dan sin esperar nada a cambio, y que sin embargo, suelen recibir una recompensa (no siempre material). En ‘Las castañas’, Perico representa a un niño generoso y compasivo, sincero y empático, que ofrece lo que tiene sin buscar ningún interés en ello. Y es precisamente quien el día de Reyes recibe aquello que había pedido y deseado.
  • Quien no da, no recibe: El caso contrario al de Perico en este cuento de ‘Las castañas’ lo encontramos en su hermano pequeño. Pablito es terco, egoísta y rencoroso. Representa la codicia y falta de humildad. Al final, no recibe ningún regalo.
  • De los errores se aprende: Aunque pensemos que en ‘Las castañas’, Pablito no tenía que haberse quedado sin regalos, porque es un castigo un tanto duro, lo cierto es que le sirvió para entender su error. Comprendió que el egoísmo y la falta de empatía y caridad no traían nada bueno. Esto le ayudó a cambiar y a centrarse más en los demás y menos en él mismo, lo que fue recompensado al año siguiente. Y es que de los errores se aprende, y por supuesto, todo el mundo puede cambiar con el tiempo.

«De los errores se aprende. En nuestra mano está la decisión de cambiar».

Reflexiones sobre el cuento de ‘Las castañas’

Una última reflexión sobre ‘Las castañas’

  • El ejemplo de los padres: En esta historia de ‘Las castañas’, se presenta a una familia y en ella los padres ocupan un lugar esencial. Reunidos, todos juntos, frente a la chimenea, expresan la importancia de compartir momentos todos juntos. Tanto el padre, Juan, como la madre, Concepción, son durante la infancia de sus hijos sus principales maestros ‘en la vida’. Su ejemplo es esencial. Y ambos demostraron aquella noche a sus hijos cómo tratar a un extraño que sin embargo, necesita ayuda: con caridad. Fueron generosos y compartieron el calor de su hogar y sus alimentos, a pesar de no conocerle. Una buena lección para sus hijos.

Otros preciosos relatos sobre los Reyes Magos para los niños

¿Te gustó el cuento de ‘Las castañas’? Si te gustan los cuentos sobre los Reyes Magos, echa un vistazo también a estos otros:

  • Babushka: Esta leyenda rusa explica quién es Babushka, una popular anciana que ayuda a los Reyes Magos a entregar regalos a los niños.
  • Artabán, el cuarto rey mago: Este precioso cuento narra la historia de un cuarto rey mago que no pudo llegar a tiempo para ver nacer al niño Jesús. ¿Quieres saber por qué?
El cuento de Navidad de Artabán, el cuarto rey mago
Artabán, el cuarto rey mago

Y si lo que buscas son cuentos de Navidad narrados, aquí encontrarás muchos:

¿Te ha gustado el contenido?

Puntuación media 5 / 5. Votos: 1

¡Todavía no hay votos! Sé el primero en valorar el contenido.

Share on facebook
Share on twitter
Share on whatsapp
Share on pinterest
Estefania Esteban
Estefania Esteban
Periodista y escritora de literatura infantil.

¡Es tu turno! Deja un comentario y opina

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *