Esta fábula corta de Tomás de Iriarte, ‘La urraca y la mona’, nos avisa: no es más sabio el que más conocimientos atesora, sino el que sabe usar los justos y más valiosos. Es decir, que en la vida no consiste en saber de todo, sino es aprovechar de forma correcta los conocimientos más útiles. Lo entenderás mejor después de leer la fábula y sus reflexiones finales.

La fábula de Iriarte La urraca y la mona

Fábula de La urraca y la mona, de Iriarte
La fábula de Iriarte ‘La urraca y la mona’

Se acercó un día una presumida y vanidosa una urraca a una mona. Y le dijo:

– Oye, mona, ¿sabes todas las joyas y alhajas que guardo en mi escondite? Sin duda, soy la más rica. Si quieres, ven conmigo y te lo enseño.

La mona, por no hacer un desprecio a la urraca, decidió seguirla. Llegaron hasta un árbol con un profundo agujero, y una a una, la urraca fue sacando de su escondite todo tipo de joyas: collares de perlas, anillos de piedras preciosas, cadenas de oro… Todo muy brillante y por supuesto, espectacular. Al final consiguió formar un buen montón de alhajas.

– ¡Fíjate qué gran tesoro! ¿No me envidias?- preguntó la urraca a la mona.

– ¿Envidiarte yo por esto? ¿Y para qué quieres tanto lujo si no vas a utilizarlo? Mira, yo no acumulo joyas, sino que tengo una buena mandíbula para comer lo que necesito, y una despensa con las mejores provisiones: cacahuetes, avellanas, pan… De todo esto voy rellenando y vigilo bien para que nunca me falten alimentos. Eso, amiga urraca, sí que es un buen tesoro.

Moraleja: «La verdadera sabiduría no consiste en hacinar muchas noticias, sino en saber elegir las más útiles y necesarias»

(La urraca y la mona)

La fábula original de La urraca y la mona

Por supuesto, esta que acabas de leer es una adaptación en prosa de la fábula verdadera. Tomás de Iriarte las escribía en verso rimado. Puede que al estar escrito en un lenguaje bastante antiguo, muchas palabras no las entiendas. Es una buena oportunidad para acudir al diccionario y ampliar el vocabulario:

A una mona muy taimada

dijo un día cierta urraca:

«Si vinieras a mi estancia,

¡cuántas cosas te enseñara!

Tú bien sabes con qué maña

robo y guardo mil alhajas.

Ven, si quieres, y veráslas

escondidas tras de un arca».

La otra dijo: «Vaya en gracia»;

y al paraje la acompaña.

Fue sacando doña Urraca

una liga colorada,

un tontillo de casaca,

una hebilla, dos medallas,

la contera de una espada,

medio peine y una vaina de tijeras,

una gasa, un mal cabo de navaja,

tres clavijas de guitarra

y otras muchas zarandajas.

«¿Qué tal?»-dijo.

Vaya, hermana, ¿no me envidia?

¿No se pasma?

A fe que otra de mi casta

en riqueza no me iguala».

Qué dijo la mona ante el tesoro de la urraca

Nuestra mona la miraba

con un gesto de bellaca,

y al fin dijo: «¡Patarata!

Has juntado lindas maulas.

Aquí tienes quien te gana,

porque es útil lo que guarda.

Si no, mira mis quijadas.

Bajo de ellas, camarada, hay dos buches o papadas

que se encogen y se ensanchan.

Como aquello que me basta,

y el sobrante guardo en ambas

para cuando me haga falta.

Tú amontonas, mentecata,

trapos viejos y morralla;

mas yo, nueces, avellanas,

dulces, carne y otras cuantas provisiones necesarias».

Y esta mona redomada

¿habló sólo con la urraca?

Me parece que más habla

con algunos que hacen gala

de confusas misceláneas y farrago sin sustancia.

(‘La urraca y la mona’ – Tomás de Iriarte)

Algunas palabras de la fábula que tal vez no entiendas

Aquí tienes algunas de las palabras de esta fábula original de ‘La urraca y la mona’ que vienen de un castellano más antiguo y tal vez desconozcas. Es una buena oportunidad para aprender palabras nuevas y ampliar el vocabulario:

  • Taimada: astuta.
  • Tontillo de casaca: una pieza interior de tela para armar la casaca.
  • Contera: pieza que se pone en el lado opuesto del puño, en este caso, de una espada.
  • Zarandajas: desperdicios.
  • ¡Patarata!: ¡Ridícula!
  • Maulas: cosas de poco valor.
  • Quijadas: mandíbulas.

Qué temas puedes trabajar con la fábula ‘La urraca y la mona’

Utiliza esta genial fábula corta de Tomás de Iriarte, ‘La urraca y la mona’, para reflexionar acerca de:

  • La vanidad.
  • El valor de la humildad frente a la vanidad.
  • La sabiduría.
  • Sobre la necesidad de aprender a elegir y a descartar.
  • La envidia.
  • La avaricia.

Reflexiones sobre la fábula de Iriarte

Muchas veces presumimos por amontonar cosas innecesarias, lujos que no nos aportan ninguna utilidad. Lo más valioso siempre es lo más útil, y en el campo de la sabiduría, también:

  • No amontones… ¡selecciona!: Tendemos a pensar que más cantidad nos hace ‘más ricos o poderosos’ y no siempre es así. A veces amontonamos cosas innecesarias, que no nos sirven para nada, como le pasaba a la urraca en esta fábula de ‘La urraca y la mona’, que se deja llevar por la avaricia y termina amontonando joyas que no puede utilizar. No todo sirve, no todo es útil. Lo importante es saber quedarnos con lo que realmente nos aporta algo importante o necesario.
  • La importancia de saber elegir: Tomás de Iriarte extrapola esta historia al panorama de la sabiduría. Muchas veces pensamos que al tener más información, sabemos más. Y sin embargo un exceso de información sin reflexión o análisis, no nos hace más sabios. Lo más inteligente es aprender a seleccionar, como nos explica la mona en esta fábula de ‘La urraca y la mona’. Quedarse con lo realmente valioso, lo más útil y necesario, y desechar lo superficial, lo innecesario, lo inútil. O como dice la mona en esta historia ‘la morralla’.

«No es más sabio el que más noticias atesora, sino el que mejor sabe seleccionar las que son de utilidad»

Reflexiones sobre la fábula ‘La urraca y la mona’

Una reflexión más sobre ‘La urraca y la mona’

  • La vanidad de la urraca: En realidad, la urraca en esta fábula robaba y amontonaba tesoros por presumir. Era vanidosa y pretendía que la mona la envidiara. Sin embargo, la mona, desde la humildad, le dio una buena lección a la urraca, mostrándole lo que realmente era para ella un tesoro: aquello que le hacía crecer y estar sana, aquello que la alimentaba y le aportaba todo lo que necesitaba para vivir. Esta metáfora en la urraca y la mona equipara a los alimentos que nos aportan vitaminas y nutrientes con las noticias o información que alimentan a nuestro intelecto.

Otras geniales fábulas de Iriarte para niños

Si te gustó esta fábula de La urraca y la mona, no dejes de leer tampoco todas estas otras propuestas de Tomás de Iriarte:

  • El burro flautista: Nadie nace sabiendo, y ciertas habilidades precisan de un aprendizaje que por supuesto, exige esfuerzo y perseverancia. Lo demás, surge por azar, y no tiene mérito… Y si no, mira lo que le pasó en esta historia a un ignorante burro.
  • El pato y la serpiente: Querer ser como otros es un indicio de celos o envidia que no nos lleva a ningún lado. O más bien, que nos lleva de cabeza a cometer u gran error, como en este caso.
El pato y la serpiente, una fábula sobre la vanidad
El pato y la serpiente, de Tomás de Iriarte
  • El gusano y la araña: Vale más un trabajo al que se dedica todo el tiempo y las virtudes posibles que aquel trabajo elaborado de forma rápida pero imprecisa.

Y por supuesto, recuerda que también puedes escuchar fantásticas fábulas narradas aquí:

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Estefania Esteban
Estefania Esteban
Periodista y escritora de literatura infantil.

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