Esta fábula china corta, ‘El vendedor de lanzas y escudos’, encierra un mensaje muy claro destinado a los clásicos ‘fanfarrones’ a los que les gusta presumir de todo lo que son capaces de hacer o de todo aquello que tienen. No es bueno presumir o intentar ‘quedar como el mejor’ delante de otros, porque no hay nadie perfecto y sí suficientes personas perspicaces para darse cuenta del ‘defecto’ o carencia del que tanto presume. Aquí tienes la fábula y más adelante, las reflexiones sobre su moraleja.

La increíble fábula china “El vendedor de lanzas y escudos”, sobre la prepotencia

Fábula corta sobre la prepotencia: El vendedor de lanzas y escudos
‘El vendedor de lanzas y escudos’, una fábula china sobre la vanidad

Existió hace mucho tiempo, en el reino de Chu, un hombre que vendía escudos y lanzas. Lo cierto es que eran muy buenos, pero él se jactaba en exceso de las cualidades de sus productos, hasta llegar a exagerar demasiado.

Un día, acudió un vendedor muy inteligente y preguntó por un escudo y una lanza:

– ¡Llegaste al lugar indicado! No hay en todo el planeta escudos y lanzas como los míos- presumía el vendedor- Mis escudos son tan duros, que ninguna lanza puede penetrar en ellos. Y mis lanzas son tan fuertes que atraviesan cualquier escudo…

El joven comprador se quedó pensando, y después preguntó:

– ¿Entonces, si una de tus lanzas choca contra uno de tus escudos, qué pasa?

El vendedor se quedó mudo y el joven se dio media vuelta y salió de la tienda.

Moraleja: “no presumas en exceso o perderás credibilidad”

Qué puedes trabajar con la fábula corta “El vendedor de lanzas y escudos”

Con esta fábula china, puedes reflexionar acerca de:

La vanidad que nos hace mentir.

– Cómo evitar la prepotencia.

– La credibilidad y la confianza de los demás.

Reflexiones sobre esta fábula china

Está claro que la vanidad no es buena compañera. Al final, nos hace mentir o exagerar tanto, que terminamos perdiendo la confianza de los demás.

El vanidoso se queda solo: tal vez esta pérdida de confianza de los demás es lo que hace que al final el vanidoso y prepotente termine quedándose solo, sin amigos. Las únicas personas que rodean a un vanidoso son aquellos interesados en conseguir algo a cambio. Y es que la vanidad y la prepotencia conlleva la exageración y a menudo, la mentira. Los demás terminan alejándose porque dejan de creer en lo que dicen.

El antídoto, la humildad: la única forma de evitar rozar ‘el ridículo’, tal y cómo le pasó al protagonista de esta historia, es la humildad. Si el vendedor de escudos y lanzas hubiera sido humilde, seguramente el joven que llegó a su tienda hubiera valorado el material de sus productos, ya que verdaderamente eran buenos. Pero esa falta de humildad es lo que hizo que finalmente no confiara en ellos.

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El platanero talado: no todas las recomendaciones ni todos los consejos son buenos para nosotros. Siempre habrá quien busque una oscura mala intención en ellos…

La taza de té vacía: no intentes aprender algo sin mostrar una pizca de humildad. Para adquirir nuevos conocimientos, es mejor partir de cero y dejarse enseñar.