Cuento para adolescentes sobre la frustración

‘El sol quiere tocar el violín’ es un precioso cuento sobre emociones para los adolescentes y adultos, un cuento sobre la frustración y los deseos.

¿Quién no ha sentido alguna vez un deseo tan intenso que arde por dentro, o que le llena de zozobra? ¿Quién no ha sentido el dolor de la frustración y del amor imposible? Descubre, con esta historia, cómo deshacerse de ese terrible sentimiento.

Un cuento para adolescentes sobre la frustración y los deseos: El sol quiere tocar el violín

El sol quiere tocar el violín, un cuento para adolescentes sobre la frustración
Fotografía de Miriam Esteban

Un día cualquiera, un amanecer cualquiera…

Él miraba desde su posición privilegiada, rodeado de alguna que otra nube distraída, y se emocionaba de nuevo al contemplar la inmensidad del cuadro que él mismo dibujaba ahí debajo.

Lo había logrado, hoy lo había vuelto a cambiar. Con un simple movimiento de cadera había dado un tono un poco más anaranjado a los tejados de aquella aldea perdida entre las montañas.

Sí, quedaba mucho más otoñal así (este pensamiento le hizo sonreír y, claro, sin querer volvió a cambiar de nuevo la tonalidad del tejado que miraba, ahora un poquito más dorada).

Después se fijó en unas pequeñas flores malvas que asomaban entre los verdes pardos de su bosque favorito.

Sí, lo habéis adivinado, con un guiño de ojos devolvió en ellas un matiz violeta que emocionó a la pareja que en ese mismo instante paseaban en la soledad de la mañana.

Y luego, otra travesura más ,  y las monedas que yacían huérfanas en aquella recóndita calle, brillaron para ventura de un pequeño que caminaba con la mirada en el suelo y se disponía a comprar una barra de pan.

Todo era tan bello, tan hermoso… pero no era perfecto, ¡le faltaba algo!

El sol se entristece al descubrir un deseo insatisfecho

Sí, ponía toda su atención, pero no, no se oía la melodía que sentía y tarareaba para sí (como todos sabréis el astro rey no tiene oídos, por lo que escucha a través de sus rayos), un waltz que hacía que el agua en los ríos discurriera con una rítmica ondulación formando caprichosos dibujos que solo los niños y algunos mayores podían adivinar.

El waltz que daba el contrapié al bullicio que en ese preciso instante se producía en la carretera. Esa era la hora en que se empezaba a llenar de vehículos; coches y autocares que discurrían hacia sus destinos a gran velocidad.

Era divertido seguirles con la mirada al ritmo del un dos tres de su waltz. Psss… un secreto: por mucho que lo había intentado no encontrara el motivo de por qué nunca se paraban a disfrutar de la belleza que les rodeaba (frecuentemente se preguntaba si los pasajeros le miraban también a su vez)..

Él sentía golpear en su frente el sonido que allá, a poco distancia, hacía que las olas que transportaban al mar hacía la costa, salpicaran su sal en un-dos-tres, un-dos-tres…

Un-dos-tres, otra pequeña y colorada manzana caía de su rama, un-dos-tres… un-dos-tres, y la trenza de esa niña parecía que volara cuando el columpio quería alcanzarle, un-dos-tres…y los pajarillos se turnaban en el nido para llamar a su madre que en breve traería su desayuno.

Un y dos y … tres… la nube arrastraba a su compañera y juntas ganaban en la carrera hacia su descenso en multitud de gotas que anegaban de charcos aquel claro al lado de aquella montaña, allí donde los niños corrían para protegerse de ellas debajo del pórtico del colegio.

¡Era tanta la emoción que sentía! ¿Y si algún día lograba tocar ese waltz?

Ahhhh, si solo lograra que todos escucharan esa, su obra maestra… Era tan majestuosa y grandiosa y a la vez tan humilde y pequeña. Podía poner ritmo a cualquier movimiento, pero a la vez, y este era su secreto, procedía directamente del tum tum de su ígneo corazón.

Pero ¿cómo? ¿cómo lograrlo?

Y llega el sentimiento de frustración al corazón del sol

De tanto pensar se le escaparon sin querer unos cuantos rayos de verano en pleno invierno, y por fin llegó a la conclusión: a pesar de ser el astro rey, a pesar de gobernar con tanta gracia, a pesar de que sus rayos calentaban y alumbraban y eran tan necesarios, había caído en la cuenta de que había algo que no podía conseguir tan solo con desearlo.

Pasaron los días, y cada uno de ellos era uno más que le recordaba su frustrado anhelo. Llegó entonces aquel día en que, sin más, entristeció.

Había recorrido tantas y tantas horas, tantas estaciones, había dibujado tantas elípticas en su caminar y, solo ahora, sentía que para él las montañas, las catedrales, los enormes puentes, los gélidos glaciares, eran tan transitorios como aquellas flores que la primavera había traído de nuevo en aquel valle donde plácidamente las ovejas balaban, tan lentamente como solían hacerlo.

Sin embargo, aún sintiendo ese hondo pesar, no podía dejar de ser él, el astro rey. Y por tanto seguía levantándose al alba y confiando sus rayos protectores a todos y cada uno de los seres a los que cuidaba: océanos, mares, ríos , pero también árboles, aves, mariposas, a todos los animales ya volasen, nadasen o corriesen por la selva… y a su particular debilidad,  a aquellos humanos que construían y destruían, que seguían evolucionando con sus pequeños inventos, a los humanos.

Ahhhhhhhhhhh, sí, los humanos…. ¡Le gustaban tanto!

Quizá cometieran demasiadas locuras, pero tenían la capacidad de soñar y, aún más, de realizar sus sueños, y eso era precisamente lo que él, el rey de los astros, no podía hacer.

Soñaba, sí, pero, ¿a quién le importaba si lo hacía? ¿acaso solamente soñando una melodía podría algún día lanzar sus notas agudas, sus notas graves, su armonía al aire para que llegase a los oídos de todos y cada uno de sus queridos protegidos?

Volvía a amanecer y no se divertía volviendo pardo el brillo de aquella hoja que acababa de caer, madurando y abandonando a su padre el árbol; ya no sentía la emoción de antaño al ordenar las horas, los días, las estaciones

Ahora, en ese preciso momento, daría cualquier cosa por… daría cualquier cosa por, sí, por ser aquel muchacho que sostenía su pequeño violín en la soledad de su habitación.

El sol descubre al chico que toca el violín

Pablo se disponía a ejecutar sus ejercicios de solfeo, que con tanta paciencia había enseñado su maestro don Tomás en clase.

Aunque la primera nota que “atacaba” no sonaba exactamente tal y como debería sonar, no se desanimó y fue decidido a por la segunda, con un poco de esfuerzo esa tarde conseguiría que sonara la partitura que tenía ante sí.

Él se quedó un momento más escuchando, y luego otro momento más. Pablo seguía intentando unir todas las notas y conseguir que la melodía sonase fluida. Quería que su madre escuchase sus progresos.

Tan absorto estaba que ni se dio cuenta de que él seguía allí, y no tuvo que encender la lámpara para seguir con los ensayos.

Y él se quedó con el muchacho tanto como pudo (ya sabéis, la luna es una princesa impaciente).

Durante muchos días solo tuvo rayos para él. Le alegraba cada progreso, cada nota que terminaba siendo posible, cada sonrisa de satisfacción de Pablo, porque veía reflejado en su empeño su gran deseo.

El sueño del sol se hace realidad

Y por fin llegó: aquel fue el primer concierto de Pablo, la Sonata para violín n.º 9 «Kreutzer», compuesta por un tipo que tiempo atrás había conocido. Él había iluminado sus paseos por la ciudad (Viena en aquellos días tenía un color bien distinto), también por los caminos entre bosques y campos..y, curiosamente, tenía un nombre, Ludwig, que tanto habían relacionado los humanos con su reinado.

Ah, sí, una sonata para un violinista, una sonata tan pasional. De la furia a la contemplación, y después a la alegría.

Pablo estuvo espléndido. Tampoco ese día se percató de una luminosa presencia, que siempre decían que le acompañaba, y esa noche brilló aún más con su compañía.

Su madre aplaudía emocionada en la butaca de la primera fila, y Pablo sintió por primera vez que su pasión se había transformado en miles de sensaciones que, en forma de música, ahora seguía bailando en el corazón de todos los asistentes.

Sí, había logrado su sueño de niño, lo había conseguido, y sonrió y sonrió y no pudo dejar de sonreír, aún después de que cesaran los aplausos de su público.

Pablo retrocedió en su imaginación entonces a aquel día en el que, sin mucho conocimiento pero con enormes ganas de aprender, estuvo toda una tarde y casi toda la noche ensayando sus primeros ejercicios de solfeo. Qué lejos quedaba ahora ese día, pero qué cerca en su corazón, si hasta creía recordar que el sol estuvo acompañándole todo el tiempo, sí, ahora estaba seguro… le acompañó siempre.

Un amanecer cualquiera, una mañana más y…

¿Qué es lo que hace diferente a un día del siguiente, amigo? Eso, sí, eso mismo, la profundidad del deseo.

Reflexiones sobre el cuento ‘El sol quiere tocar el violín’

Ay, las emociones, que nos sacuden y nos mantienen vivos. Son complejas, dulces y amargas. Pero nos impulsan a seguir adelante, y nos ayudan a construir, poco a poco, nuestra vida.

El poder de las emociones: somos emociones, estamos hechos de emociones. Nada que ver con los pensamientos, tan dóciles, tan manejables… Pero cuando el sentimiento de deseo llama a la puerta, no hay quien le frene.

Los sueños imposibles así son menos dañinos: ‘El sol quiere tocar el violín’ nos habla de deseo, de añoranzas, de sueños, y de frustración. Aunque en este caso, nos ofrece una posible solución a los sueños imposibles. El sol, que no era capaz de hacer sonar la melodía que escuchaba dentro, descubrió una forma de hacer su sueño realidad: sentir suya la melodía de otro. 

El antídoto a las frustraciones: la generosidad: de esta forma, la felicidad de Pablo, era la suya, la melodía de Pablo, era la suya… Proyectó en él su sueño y sus deseos para conseguir, al fin, las notas que quería. Y así es cómo conseguimos vencer las frustraciones: ayudando a otros a conseguir su sueño, siempre y cuando sea el mismo que el nuestro.

Otros cuentos que ayudan a reflexionar sobre las emociones

Los adolescentes sufren un torbellino emocional. De pronto les sacude el primer amor, la primera decepción… sienten el dolor de una frustración o de un sueño imposible. Todos estos cuentos pueden ayudarles a reflexionar sobre sus propias emociones:

Invisible: cuando nos ‘tragamos’ nuestro propio dolor el efecto es como el de una olla express… y llega el momento en el que la olla explota haciendo mucho daño a todos los que están cerca. Fantástico cuento que aparece en la película ‘Un monstruo viene a verme’.

La sospecha: los prejuicios nos hacen tomar decisiones injustas y equivocadas. Esta fábula es fantástica para hacernos entender la importancia de buscar pruebas antes de enjuiciar a nadie.

El elefante que perdió su anillo de bodas: cuando sentimos ansiedad, somos incapaces de encontrar la solución a nuestros problemas. Es fundamental conseguir la calma para verlo todo mucho más claro.

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1 Comment

  1. ….Sencillo y poéticamente expresado, como un sentimiento de frustracción puede convertirse en algo bello y generoso. A los niños y más a los mayores se nos pasan cada vez más por alto,, los dones, y carismas , en definitiva regalos que nos ha concedido nuestro Creador, el Espíritu Santo es el encargado de adornarnos, y a cada uno le otorga dones especiales para el bien común, para ayudarnos unos a otros a construir un mundo mejor El Hermano Sol en vez de convertir su frustración en envidia, decidió inspirar al joven violinista regalándole su maravillosa luz y contribuyendo de esa forma a que compusiera una maravillosa melodía, puede sentirse satisfecho, aunque no reciba los aplausos, él es una importante parte de la melodía. Y cada vez que la escuche sentirá una profunda satisfacción, porque fue generoso, cambió la tristeza en alegría. Atentos a los dones que a cada uno nos han sido dados, seguro que muchos están por descubrir, pues agudicemos nuestro espíritu para descubrirlos y ponerlos a trabajar. Seguro que seremos felices y haremos felices a los demás.

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