Un fabuloso cuento infantil sobre las apariencias, la generosidad y la gratitud

‘El ganso de oro’ es un cuento infantil escrito por los Hermanos Grimm en 1812. En esta ocasión, se trata de un cuento para niños sobre la generosidad, las apariencias, la bondad y la gratitud. Descubre más valores en este cuento y reflexiona con tu hijo acerca de todos ellos.

Un fabuloso cuento para niños sobre la generosidad y las apariencias: ‘El ganso de oro’

El ganso de oro, un cuento para niños sobre la generosidad y la gratitud
‘El ganso de oro’, un cuento infantil de los hermanos Grimm

Había una vez un leñador que tenía tres hijos. El más pequeño era algo más torpe y todos se reían mucho de él. Tanto, que le llamaban ‘Bobalicón’. Hasta sus propios hermanos y sus padres le trataban con desprecio.

Un día, la madre de los tres hermanos mandó al mayor al bosque para que cortara leña. Le preparó un hatillo con un rico pastel para que no pasara hambre y una cantimplora con vino para que no pasara sed. El chico partió hacia el bosque.

Los dos hermanos mayores y el misterioso anciano

Pero, antes de llegar al centro del bosque, el muchacho se encontró en el camino con un anciano, que al verle le dijo:

– Joven, estoy hambriento y sediento. Por favor, ¿puedes darme un poco de tu comida y de tu bebida?

Pero el hermano mayor, que era bastante egoísta, respondió:

– ¿Darte mi comida y mi bebida? ¡Me quedaré sin nada! Aparta de aquí, viejo, déjame pasar.

El chico llegó entonces hasta un árbol y comenzó a talarlo, pero nada más empezar, se cortó con el hacha en la mano y tuvo que regresar a su casa para que le curaran la herida.

Al día siguiente, la madre decidió mandar al hermano mediano, y también le preparó una rica merienda con un pastel y una cantimplora llena de vino. El chico también se encontró en el camino con el anciano, que le dijo:

– Por favor, dame un poco de comida y de bebida. Estoy hambriento y sediento.

– ¿Ah, sí? Si te doy mi comida, yo tendré después hambre. Lo mismo pasará con el vino. Será mejor que busques en otro lado…

Y el segundo hermano también se alejó de allí sin ayudar al anciano. Al comenzar a talar un árbol, se dio con el hacha en la pierna, y también tuvo que regresar a su casa para curarse.

El encuentro entre Bobalicón y el anciano

El tercer hermano, ‘Bobalicón’, pidió entonces a su madre ir al bosque. Al principio ella no le quería dejar ir:

– Pero hijo- decía ella- Si no sabes ni cortar un árbol…

Pero, después de la insistencia de su hijo, accedió a que probara. Sin embargo, para él, no preparó un rico almuerzo, sino un pan viejo y un poco de cerveza agria que encontró. Aún así, el chico partió feliz hacia el bosque y, cómo no, se encontró con el anciano en medio del camino.

– Por favor, muchacho, ¿tienes algo de comer y de beber? Estoy hambriento y sediento…

– Sí, claro que tengo- respondió Bobalicón- Pero solo es pan duro y cerveza agria. Si no le importa, lo compartiré…

El anciano le indicó un lugar junto a él para comer y beber juntos, y para sorpresa del chico, al abrir el hatillo, descubrió que el pan se había convertido en un fantástico pastel de huevo, y la cerveza, en una botella de vino. Después de comer, el anciano le dijo:

– Has sido muy amable conmigo, y tengo una recompensa para ti. Tala el árbol que tienes allá enfrente y busca entre sus raíces algo que dejé para ti.

El anciano entonces se alejó y Bobalicón taló el árbol tal y como le indicó el hombre. En sus raíces descubrió… ¡un ganso con las plumas de oro!

Bobalicón, las tres hermanas, el cura, el monaguillo y el campesino

Fascinado por el brillo de aquel ganso, Bobalicón lo agarró bien y se puso a caminar. Llegó hasta un castillo en donde vivían tres princesas. Al verle llegar, se quedaron asombradas ante la imagen de un ganso de oro. Pensaron en arrancarle una pluma mientras Bobalicón durmiera.

La primera hermana se acercó y al tocar una d e las plumas del animal, se quedó pegada a él. La segunda hermana intentó agarrar a su hermana mayor y se quedó pegada a ella. Y lo mismo le pasó a la hermana pequeña. Así que al despertarse, Bobalicón cogió su ganso y siguió andando, sin preocuparse de llevar detrás a las tres princesas.

Pasaron por delante de la iglesia, y el cura se extrañó de tal comitiva, pero cuando fue a agarrar a la última hermana para ayudarla a soltarse, se quedó pegado a ella. ¡Y lo mismo le pasó al monaguillo que intentó ayudar al cura! Así que ahora iban Bobabilón, las tres hermanas, el cura y el monaguillo, en fila.

Al pasar por un campo sembrado, el cura gritó a un campesino:

– ¡Por favor, ayúdanos a soltarnos de aquí! Pero al intentar tirar de la manga del monaguillo, el campesino… ¡también se quedó pegado a ellos!

La princesa que no podía sonreír

Bobalicón llegó a otro castillo. Allí vivía una princesa con una rara enfermedad: era incapaz de reír. Su padre estaba tan desesperado que había creado una ley que aseguraba conceder la mano de su hija a aquel que consiguiera hacerla reír. Y la joven, al ver aparecer a Bobalicón con el ganso bajo el brazo, las tres chicas, el cura, el monaguillo y el campesino pegados tras él, rompió en una sonora carcajada.

Bobalicón pidió entonces la mano de la princesa, pero el rey no estaba convencido:

– ¿Cómo voy a entregar su mano a un joven llamado ‘Bobalicón’?- decía. Así que le impuso una prueba más:

– Te concederé la mano de mi hija si consigues que alguien se beba todo el vino de mi bodega.

Bobalicón se acordó del anciano del bosque y fue a buscarlo. En su lugar encontró a un hombre que se lamentaba:

– ¿Cómo podré calmar yo mi sed? ¡No lo consigo!

Y el joven, al oírle, dijo:

– Buen hombre, yo sé cómo puedes calmar tu sed. Ven conmigo y beberás gratis todo el vino que desees.

Y así fue cómo Bobalicón consiguió vaciar toda la bodega del rey. Pero éste, que no se daba por vencido, dijo:

– Falta algo más: te daré la mano de mi hija si consigues que alguien se coma todo el pan que consiga hacer hasta mañana.

La prueba del pan y el barco especial

Bobalicón regresó al bosque, y encontró a un hombre que decía:

– ¡Qué haaambre!

– ¿Qué te pasa?- preguntó entonces Bobalicón.

– Que no consigo saciar mi hambre, y ya he comido, pero…

– Pues tengo la solución– dijo Bobalicón- Si me acompañas, conseguirás comer todo el pan que quieras.

Y así es cómo Bobalicón consiguió que desapareciera la montaña de panes que el rey había preparado. Enfadado, el rey dijo que tendría que pasar una última prueba:

– Si consigues un barco que pueda ir por agua y por mar, mi hija se casará contigo.

Y Bobalicón regresó al bosque, en donde se encontró de nuevo con el anciano del principio:

– Tú me diste de comer y de beber, así que es justo que te ayude ahora con el barco que te piden.

Y el anciano hizo aparecer un extraño barco capaz de ir por la tierra. En él llegó Bobalicón al castillo, y poco después se casó con la princesa. Juntos fueron muy felices y heredaron un gran reino.

Valores que puedes trabajar con el cuento ‘El ganso de oro’

Reflexiona con tu hijo gracias a este cuento sobre estos valores:

– La caridad.

– El valor de la empatía.

– La generosidad.

– El valor de la bondad.

La gratitud.

El valor de la humildad.

Reflexiones del cuento ‘El ganso de oro’ para tu hijo

Este cuento lleva implícitos muchos valores sobre los que puedes hablar con tu hijo:

Las apariencias engañan: En realidad, todos pensaban que el hijo menor, al ser un poco menos habilidoso, era ‘tonto’. Nada más lejos de la realidad. Su corazón era bondadoso y eso le hacía más valioso que sus otros dos hermanos. Y es que ya sabes: las apariencias engañan.

La importancia de los valores: Por mucho que supieran hacer cosas los hermanos mayores, por muy habilidosos que fueran, habían descuidado lo más importante: su interior. Mientras que su hermano menor escondía un gran tesoro en su corazón, los otros dos hermanos eran vanidosos, egoístas y materialistas.

La recompensa a la bondad: La recompensa a la bondad se llama gratitud, y es lo que el anciano sintió hacia el joven que al fin quiso compartir su comida y bebida con él, a pesar de ser un almuerzo en principio, de mala calidad. La gratitud llegó en forma de un ganso de oro que resultó ser un ‘salvoconducto’ para el hermano menor para hacerse con una vida espléndida y feliz.

Más reflexiones sobre este cuento clásico

La falta de honestidad del rey: Cuando Bobalicón hizo reír a la princesa sin sonrisa, el rey debía haber cumplido su palabra, pero no todas las personas son honestas y cumplen sus promesas. Sirva de advertencia sobre lo que encontraremos en nuestro camino: personas sin valores que nos intentarán poner las cosas difíciles, aunque ya viste que al final Bobalicón se consiguió salir con la suya gracias al anciano que encontró en el bosque, pero sobre todo, gracias a su bondadoso corazón.

Por qué no debemos burlarnos de los demás: Ni por su físico ni por su forma de ser. Tenemos la manía de juzgar a otros sin conocerlos o de burlarnos de lo que consideramos ‘defectos’. Las burlas, el desprecio, no es más que una crueldad sin sentido. ¿Qué se consigue con ello? Hacer daño a otro. Antes de actuar así, siempre debes pensar… ¿y si me lo hicieran a mi?

La codicia tiene malos resultados: La fila de personas pegadas al ganso de oro representan la codicia. Las tres hermanas deseaban una pluma de oro, y por eso se fueron quedando pegadas al animal. Bobalicón, sin embargo, no le dio mayor importancia y siguió su camino, como si no fuera capaz de ver los defectos de otros…

Algunas preguntas de comprensión lectora sobre este cuento

Utiliza este cuento de los Hermanos Grimm para mejorar la atención y comprensión lectora de tu hijo. Puedes hacerle estas preguntas al finalizar la lectura:

1. ¿Por qué llamaban Bobalicón al hermano menor?

2. ¿A quién se encontró el hermano mayor cuando fue al bosque a cortar leña?

3. ¿Y qué le pasó después de negar ayuda al anciano?

4. ¿Al hermano mediano le sucedió lo mismo?

5. ¿Y qué pasó cuando Bobalicón se encontró con el anciano?

6. ¿Qué le entregó como recompensa el anciano?

7. ¿Quiénes se quedaron pegados al ganso de oro?

8. ¿Cómo consiguió Bobalicón hacer reír a la princesa sin sonrisa?

9. ¿Consiguió al final casarse Bobalicón con la princesa?

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– La bondad… El zapatero y los duendes: la generosidad sincera encuentra siempre sus recompensas. Descubre este original cuento repleto de valores.