Un cuento popular sobre la avaricia y sus consecuencias

Aquí tienes un fantástico cuento popular con muchísimos valores con los que podemos reflexionar. ‘Consejos o dinero’ nos habla de a dónde nos lleva el mal camino de la avaricia y qué sucede cuando tomamos malas decisiones. Escuchar y pensar antes de actuar son imprescindibles en nuestra vida. Descubre por qué.

Un cuento con valores para niños mayores: ‘Consejos o dinero’

Un cuento infantil sobre la toma de decisiones y la importancia de escuchar: Consejos o dinero
‘Consejos o dinero’, un cuento infantil con valores

Un humilde campesino tenía cinco hijos varones. De todos ellos, el más mayor, Rosendo, solo pensaba en hacer maldades, y por supuesto, era un mal ejemplo para sus hermanos. Era grandullón y el resto le imitaba, para desgracia de sus padres.

De los cinco, el más sensato era Leonardo, el segundo hijo, pero a pesar de ser más juicioso, un día se dejó embelesar por su hermano mayor y ambos abandonaron la casa en busca de aventuras. Y a pesar de que sus padres les buscaron durante un día entero, no consiguieron dar con ellos. Para su desgracia, además, al día siguiente sus otros tres hijos siguieron los pasos de sus dos hermanos mayores, y también se fugaron de casa.

Resulta que Rosendo y Leonardo anduvieron vagando por el bosque hasta que se encontraron una casa en donde un cartel muy grande decía: ‘Consejos o dinero para los caminantes’. No se lo pensaron dos veces, y entraron. Se encontraron de frente con un anciano de larga barba y semblante benévolo.

– Buenos días, señor- dijeron los dos al unísono.

– Buenos días, caminantes. ¿Qué se os ha perdido por aquí? ¿Buscáis aventuras y al leer el cartel de la entrada decidisteis entrar?

– Sí, señor- respondió rápido Rosendo- Yo por mi parte, quiero dinero.

– ¿Y tú?- preguntó el anciano al hermano.

– Yo prefiero consejos. Creo que me serán de más utilidad. Oí decir una vez que el que no toma un consejo, no llega a viejo.

Los consejos del anciano

Entonces, el viejecito se levantó y entró en otra habitación.

– Esperadme aquí- les dijo.

En cuanto el hombre se alejó, Rosendo dijo a su hermano:

– ¡Eres rematadamente tonto! ¿Por qué pediste consejos? ¿Acaso te darán de comer? Pues yo no pienso darte dinero cuando te mueras de hambre. ¡Allá tú!

Los consejos valen más que el dinero. Hice bien, ya lo verás- respondió sereno Leonardo.

– ¡No aprendes nada!- dijo Rosendo enfadado.

Entonces regresó el anciano con un puñado de monedas. Rosendo no dejaba de mirar embelesado y nada más cogerlas, salió de allí corriendo, tras despedirse de su hermano.

El anciano entonces, le dijo a Leonardo:

– Presta atención, ya que eres más cuerdo que tu hermano… Te daré tres consejos.

  • El primero es que no tomes el camino del atajo.
  • El segundo, que jamás preguntes lo que no te importa.
  • Y el tercero, que pienses bien las cosas antes de dejarte llevar por la violencia.

Leonardo le dio las gracias y salió de allí muy contento. Pero pronto se encontró con una bifurcación y dos caminos. Uno parecía más corto para llegar a su pueblo, y decidió ir por allí, pero un poco más adelante, comenzó a aumentar la maleza, y recordó el primer consejo del anciano, así que dio media vuelta y tomó el camino más largo.

Consejos o dinero: el extraño hospedaje

Y era tan largo de hecho el camino, que anocheció y él estaba cansado. Menos mal que encontró un pequeño hospedaje.

– Buenas noches- dijo educado Leonardo al entrar.

Un hombre mayor y con semblante áspero respondió de forma brusca:

– ¿Qué quieres? ¿Buscas hospedaje?

– Sí, pero no tengo dinero para pagar… de momento me he alimentado gracias a la caridad de los caminantes.

– Vaya… Bueno, tengo un sitio que podrás aprovechar. Veremos hasta dónde llega tu valor, porque parece que no temes a nada– le dijo el hombre.

Entonces, para espanto del pobre Leonardo, el hombre le llevó a una sala repleta de momias y máquinas de tortura. A pesar de su asombro y de sus tremendas ganas de preguntar por aquello, el joven recordó entonces el segundo consejo y no dijo nada.

– ¿Qué te parece?.- preguntó entonces el hombre.

– Bien- respondió Leonardo intentando aparentar serenidad.

La siguiente sala estaba repleta de esqueletos y calaveras apiladas en montañas.

– ¿Y esto qué te parece? – preguntó el hombre de nuevo.

– Lo mismo, señor- respondió Leonardo.

Y así fueron pasando por distintas habitaciones llenas de terror y atrocidades, pero el chico no preguntaba, y al fin, el hombre, le dijo:

– Es increíble, pero tu discreción te ha salvado. Te regalaré una carabina para que puedas defenderte de los malhechores de los caminos. Iremos al sótano. Ahí tengo encerrado a uno que vino poco antes que tú y por preguntó, acabó allí.

El reencuentro con sus hermanos

Al llegar vio que se trataba de Rosendo.

– ¿Ves, hermano?- le dijo entonces Leonardo- Ya te dije que los consejos eran más útiles que el dinero.

– Con que es tu hermano- dijo el hombre de la posada- Puede que eso le salve… No me gustaría tener encerrado al hermano de un hombre como tú, que no se mete donde no le llaman. Libre quedas, pues.

Y los dos hermanos salieron de la posada. Por la tarde, muertos de hambre, entraron en una posada y después de comer, pagaron con una moneda de oro de las que tenía Rosendo. Con tan mala suerte que detrás se sentaban tres ladrones que observaron con detalle la moneda.

– Les asaltaremos cuando duerman. dijo uno de ellos.

– No les veo bien desde aquí- dijo otro de ellos.

– ¿Y qué más da? Tienen dinero y es lo que nos interesa.

Los hermanos se fueron a dormir y los ladrones les siguieron. Entraron por sorpresa, y como estaba oscuro, no se veían las caras. Leonardo cogió el arma que les había entregado el hombre pero antes de disparar, pensó en el tercer consejo.

– ¿Qué quieren?- preguntó.

– La bolsa o la vida- respondió uno de los ladrones.

Se echó el ladrón hacia Rosendo, quien abrazó la bolsa con el oro. Leonardo le arrancó el sombrero al ladrón de un manotazo y de pronto, al darle en la cara un rayo de luna que entraba por una rendija, reconoció a uno de sus hermanos.

– ¡Somos Leonardo y Rosendo!- dijo el joven.

El resto de acompañantes del ladrón eran sus otros hermanos. Todos se sentaron a contar sus aventuras.

– Nosotros tuvimos que meternos a robar, no encontramos otra salida a nuestras penurias- dijeron los tres hermanos menores.

– Está bien, regresemos a casa y pidamos perdón a nuestros padres- dijo Leonardo.

– Sí, con todo el oro que llevamos, podremos vivir con comodidad- añadió Rosendo.

Y así hicieron. Regresaron a su hogar y fueron perdonados por sus padres, quienes se alegraron mucho de volver a verlos. Desde entonces, ya no les faltó de nada gracias a la buena inversión que hicieron del dinero y a que pusieron en práctica los sabios consejos de Leonardo.

Qué valores puedes trabajar con ‘Consejos o dinero’

Utiliza este cuento popular para hablar de:

– La avaricia.

– El valor de los buenos consejos.

– Cómo hacer frente a los problemas.

– El uso de la violencia.

– La gratitud.

El perdón.

Reflexiones sobre este cuento popular con valores

Más valor tiene un buen consejo que una moneda de oro. Podría ser una moraleja de un cuento que nos transmite todas estas ideas:

No sigas las malas influencias: los dos hermanos tenían la opción de ir por el camino recto, pero uno de ellos decidió seguir las malas influencias y terminó pasándolo mal. Ya sabes ese refrán que dice ‘quien a buen árbol se arriba, buena sombra le cobija’. Pues lo mismo, a la inversa.

Escucha los sabios consejos: como bien dice este cuento, vale más un buen consejo que todo el oro del mundo. Y es que los consejos y los valores, te guiarán ‘por el buen camino’. Saber qué hacer en cada momento es vital para forjar un buen camino. Aprender a decidir, y a salir de un problema, es vital para sobrevivir. No lo es tanto el dinero, que puede llevarnos a problemas, como le sucedió a Rosendo.

No siempre el camino más corto es el mejor: tendemos a buscar siempre la forma más rápida de llegar a una meta, pero no siempre es la mejor. A veces aunque el camino sea más corto, es mucho más difícil y peligroso. Puede que el camino más corto no te lleve a la meta. Contempla siempre todas las opciones cuando tengas que tomar una decisión y no te guies solo por la respuesta más sencilla, sino por la que te ofrece más seguridad y te asegura que llegarás a la meta.

Más reflexiones sobre este fantástico cuento

No te metas en donde no te llaman: existen algunas fábulas que nos recuerdan el peligro de preguntar lo que no debemos o meternos en historias que no ‘van con nosotros’. Como dice un buen refrán español: ‘no te metas en camisas de once varas’. Evitarás problemas innecesarios.

La violencia puede llevarnos a cometer errores imperdonables: la violencia debería ser siempre el último recurso y en caso de tener que defender nuestra vida. De lo contrario, puede que cometamos tremendos errores. Si Leonardo hubiera disparado sin ver a los ladrones, habría matado a sus propios hermanos. Una metáfora que sirve para advertirnos del peligro de la ira y sus terribles consecuencias. Mejor intentar el diálogo antes que la fuerza.

Siente gratitud y aprende a pedir perdón: el final del cuento nos recuerda un valor esencial y una actitud necesaria en nuestra vida. No olvidemos nunca la gratitud hacia aquellos que nos quieren y nos ayudaron, porque la vida siempre termina recibiendo lo que da. Y tampoco olvidemos la necesidad de pedir perdón y reconocer nuestros errores para seguir aprendiendo y avanzando en la vida.

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